La Corte liberó en 2001 a 422 presos en todo el país
el pasado martes LA REPUBLICA reveló que la SCJ había liberado a tres paraguayos procesados por asociación para delinquir y tráfico de estupefacientes y se generó una polémica que incluyó a ministros, policías y magistrados. Mientras que los primeros (Guillermo Stirling del Interior y Luis Brezzo de Defensa) manifestaron preocupación por la cantidad de libertades, algunos de los segundos expresaron «of de record» malestar y los terceros que cumplen la ley y que no son «papanatas».
Pero más allá de esta realidad oficial aparecen puntos no muy claros sobre algunas libertades, por ejemplo con los paraguayos (Ver nota aparte).
Pero en todo este cruce de declaraciones hay al menos un aspecto que ni los primeros, ni los segundos, ni los terceros han tenido en cuenta. Y se trata del sentir de la gente y de las víctimas de las personas que obtuvieron el beneficio de la libertad, algunas de ellas violadas o que perdieron a familiares.
En todo este contexto se encuentra el tema de la rehabilitación de los presos y de las nuevas oportunidades de mejorar y reinsertarse en la sociedad. Bajo cuerda, con las reservas del caso, decenas de oficiales de la Policía consultados por LA REPUBLICA confirmaron una vez más una apreciación que gira en torno al mundo de las cárceles: los policías que están en contacto con los presos «saben» cuáles reincidirán a las pocas semanas y cuáles tienen posibilidades de recuperarse.
Interrogantes
Una situación similar se da con el otorgamiento de las salidas transitorias otorgadas por la Justicia. Si bien los jueces examinan el informe de las autoridades carcelarias sobre el recluso que solicita el beneficio, en definitiva es el juez el que decide.
Un jefe de Policía dijo ayer al ser consultado que sería «beneficioso para la sociedad toda» que los magistrados dieran mayor importancia a la opinión carcelaria, y sugirió que en la revista anual de los ministros de la SCJ «esté presente un delegado de cada jefatura para dar su opinión sobre el solicitante».
Otro de los jefes se preguntó: «¿Qué va hacer todas esta gente cuando salga?» y agregó otra interrogante: «¿Tienen plata para mantenerse o posibilidad de conseguir un trabajo con la realidad que atraviesa el país?». Los planteos no tienen hoy por hoy respuestas, pero podrían llegar a venir con el correr de los próximos días, tal como sucedió con la anterior revista de cárceles correspondiente al año 2000, pero realizada a principios de año.
Muchos de los presos graciados en la oportunidad reincidieron a las pocas horas –tal como lo habían anunciado públicamente algunas autoridades– siendo capturados incluso tras intensos tiroteos con la Policía.
Los números
La visita carcelaria del año pasado a los centros que se encuentran bajo la órbita de la Dirección Nacional de Cárceles (Libertad, Comcar, Centros de Recuperación 1 y 2, y Mujeres) no se realizó en fecha y se postergó para principios de 2001, cuando un total de 92 presos salieron de la cárcel «gracias» a la Suprema Corte de Justicia.
En la visita de 2001 a los centros de la Dirección de Cárceles, que culminaría hoy en Comcar, ya van 179 libertades. Si a estos dos totales se le suman los beneficios concedidos por la SCJ en el Interior del país, hasta ayer 422 reclusos salieron de la cárcel «antes de tiempo».
Un relevamiento nacional realizado por LA REPUBLICA permite establecer que salvo en Canelones, donde no se efectuó la visita según las fuentes consultadas, en el resto de las cárceles se produjeron libertades, incluso en la Cárcel Central de la Jefatura de Montevideo. En Florida fueron dos; en Cerro Largo y Flores cuatro; en Colonia, Lavalleja, San José, Salto, Tacuarembó y Treinta y Tres cinco; en Durazno 7; en Paysandú 8; en Río Negro 9; en Artigas 10; en Rocha y Soriano 11; en Montevideo 15; en Rivera 18 y en Maldonado 22. Esto da 151 personas graciadas en las cárceles de las Jefaturas.
Causas y tiempos
De toda la información reunida, incluyendo las causas por las que habían sido remitidas estas personas, afloran casos que llaman la atención y generaron malestar dentro y fuera de las cárceles.
En Minas por ejemplo fueron soltados un padre y un hijo acusados de violación, lo que repercutió negativamente en los demás internos (muchos de ellos procesados por hurtos), ya que en la «ley carcelaria» estos individuos son marginados y denigrados. Una situación similar se dio en Paysandú cuando el 13 de junio recuperó la libertad un violador que sólo había pasado ocho meses recluido, siendo un delito no excarcelable con una pena mínima de dos años.
También en la cárcel sanducera salió un hombre con tentativa de homicidio que había estado siete meses en prisión, y otro con dos delitos de homicidio en grado de tentativa y uno de lesiones personales que también estuvo siete meses.
En Río Negro fue «perdonado» un homicida, en Tacuarembó un violador y en Artigas cinco suministradores de estupefacientes, cuatro violadores y un asesino. En Rocha la mayoría de los liberados estaba procesado por hurto, aunque también salió un rapiñero y un narco, algo similar a lo acontecido en Treinta y Tres, de donde también recuperó la libertad un remitido por la infracción a la ley de drogas. *
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