De los archivos policiales

Una ejecución injusta

Dr. Edmond Locard

Lyon, agosto de 1936

En el último número de la revista «La Lupa», órgano oficial de la Dirección Nacional de Policía Técnica, que se acaba de editar, el comisario Roberto de los Santos extractó de los archivos judiciales un caso ocurrido en el año 1796. Se trata del doble crimen del Correo de Lyon, escrito en 1936 para la mencionada publicación oficial por el célebre criminalista francés Edmond Locard. Este caso mereció una especial atención por el uso de los testimonios y la identificación como medio de prueba en el proceso penal, lo que condujo a la ejecución de un inocente.

El 28 de abril de 1796, a las cuatro y media de la mañana, unos campesinos descubrieron cerca de Lieursaint, en el límite del bosque de Senart, la maleta del Correo Paris-Lyon, saqueada y abandonada.

Al lado estaba el cadáver del postillón (1) y un poco más lejos el cadáver del encargado de la maleta, el señor Escoffon. El director del Jurado de Melun y el juez de Paz se trasladaron al lugar del hecho y establecieron que la muerte de ambos parecía datar del día anterior y el robo era el único móvil. De las declaraciones tomadas a diez testigos de las inmediaciones, se desprendía que «cuatro hombres, errando sin motivo aparente», habían sido vistos en la ruta a París cuando entraba la noche, y que un «quinto individuo del que no había descripción había sido visto en la diligencia, antes del doble asesinato». De acuerdo a esos testimonios poco precisos, se permitió afirmar que esos sospechosos eran los culpables. En París, la investigación era confiada al juez de Paz Daubeutou. Un tal Guesno, sospechoso, pudo deslindar responsabilidad en primera instancia. Sin embargo, este hombre concurrió a un puesto policial a reclamar unos papeles, acompañado de su compatriota Lesurques, siendo reconocido por los testigos de los pueblos de Lieursaint y Montgerón, quienes habían sido enviados a París por causa de la investigación. Entre los testigos, dos sirvientes del albergue de Montgerón, declararon reconocer a los dos sospechosos como dos de los cuatro hombres observados el día del crimen. A pesar de las negativas y coartadas que se les permitió alegar, ambos fueron inmediatamente detenidos.

Sus facciones también correspondían, más o menos, a dos sujetos buscados por la Gendarmería.

El Tribunal de Melun tomó a su cargo el caso y seis testigos declararon haber visto a Lesurques comer y beber con el sospechoso Guesno y un tercero llamado Courriot en la localidad de Montgerón, pocas horas antes del crimen. Todos los testigos afirmaron reconocerlos.

Por otra parte, quince testigos de la defensa «juraban sobre su alma que el sospechoso Lesurques no había abandonado París la noche del doble asesinato por lo cual él no podía estar involucrado en el hecho.

De los testigos que reconocían a Lesurques, unos decían que vestía un saco claro, otros que vestía una casaca gris y un tercero una casaca azul.

No obstante, el sospechoso Lesurques fue condenado a la pena capital. El otro acusado, Courriot, inmediatamente después de recibir condena, probó su inocencia e hizo saber que un hombre de apellido Dubosc presentaba cierto parecido con Lesurques, afirmando que el tal Dubosc era el verdadero culpable.

Sin embargo, Lesurques fue ejecutado y Courriot afirmó las declaraciones de inocencia de su compañero hasta el momento en que este se encontraba sobre el cadalso. Fue en vano.

Cinco años después, Dubosc era arrestado. Los testigos que habían hecho condenar a Lesurques reconocieron tarde la semejanza entre el muerto y el verdadero culpable.

Dubosc también subió al cadalso, pero su muerte no corrigió la muerte injusta de Lesurques.

A pesar de todo, jamás pudo obtenerse la rehabilitación de este último, pese a que fue pedida en numerosas oportunidades durante los siguientes 70 años, hasta el año 1865.

(1) Jinete que iba delante de las diligencias marcando el camino.*

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