Esposa del diputado Silveira dijo que la quisieron matar de nuevo
Hace ocho días, el ministro del Interior, Guillermo Stirling, confirmaba que la esposa del diputado Silveira había sido víctima de un intento de asesinato en la ciudad de Melo. Entonces, la mujer había denunciado que un hombre había ingresado por el fondo de su casa, intentando ahorcarla. Unos días antes, el legislador colorado había recibido dos cartas intimidatorias, conteniendo amenazas por sus denuncias contra las organizaciones dedicadas al contrabando.
El intento de agresión, aún no aclarado y sobre el cual giraron versiones encontradas, determinó que desde Estados Unidos el presidente Jorge Batlle resolviera cesar en sus funciones al hasta entonces jefe de Policía de Cerro Largo, Santiago Bitavares, en tanto que Stirling ordenó rigurosas tareas de vigilancia a la familia del legislador amenazado.
Al atardecer del pasado domingo, Silveira arribó junto a su esposa, sus cuatro hijos y su secretaria al balneario de Santa Ana, donde el legislador tiene una cabaña de descanso. Poco después el diputado regresó a Melo, dejando dentro de la casa a un oficial de su estricta confianza, perteneciente a la Jefatura de Policía de Cerro Largo.
A pesar de la presencia del efectivo arachán, el jefe de Policía de Canelones, Luis Pereyra Roldán, dispuso que dos miembros de la Dirección de Investigaciones, vestidos de civil, se ubicaran en los alrededores de la vivienda, que está a pocos metros de la costa. El policía de Melo y tres de los hijos del parlamentario durmieron en una misma habitación y la secretaria se acostó sobre un colchón en la cocina, en tanto que la mujer y su hijo de seis años durmieron en el dormitorio matrimonial. Sobre las tres de la madrugada, la esposa de Silveira despertó a los demás, asegurando que un desconocido había intentado ahorcarla. Ante esa situación, varios efectivos del Destacamento de Investigaciones de la Costa y de Policía Técnica arribaron al lugar. Momentos más tarde, el propio jefe de Policía canario llegó a la casa para averiguar qué había ocurrido. Según supo LA REPUBLICA, la mujer denunció que el desconocido, al que asegura no haberle visto el rostro, habría ingresado a la cabaña por una ventana de aproximadamente 2,50 metros de largo por 2,50 de ancho, ubicada en la habitación donde dormían el policía y los tres niños.
Sin que nadie se despertara, el individuo habría esquivado al funcionario policial que descansaba en el piso, ingresando sin inconvenientes de ningún tipo a la habitación de la mujer. Al igual que en el episodio denunciado en Cerro Largo, le habría colocado papel higiénico en la boca y atado una cuerda en el cuello, intentando ahorcarla, al tiempo que con una trincheta le habría efectuado algunos cortes. Luego se habría fugado por la misma ventana utilizada para entrar. Según dijeron fuentes policiales, también habría efectuado amenazas de muerte contra sus hijos.
Nadie vio nada
Al amanecer de la víspera, el juez de Ciudad de la Costa, Gustavo Mirabal, realizó los primeros interrogatorios, constatando que tanto las personas que estaban dentro de la cabaña como los dos policías apostados en el exterior aseguran no haber visto absolutamente nada. Ayer de tarde, los uniformados concurrieron a la sede judicial para prestar declaraciones.
Los efectivos de Policía Técnica buscaron rastros de sangre dentro de la casa, mientras que el médico forense que revisó a la denunciante determinó que presentaba una marca en el cuello y dos cortes paralelos en la mejilla. Anoche, la mujer se encontraba en la casa de un familiar en este departamento, contando con vigilancia policial. En declaraciones a LA REPUBLICA, el jefe de Policía canario aseguró que la supuesta «agresión» habría ocurrido en un ambiente «sumamente pequeño y estrecho», remarcando además que, a la hora del supuesto atentado, la vivienda contaba con controles policiales. Mientras tanto, en ámbitos judiciales calificaron el episodio como «extraño». *
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