Inteligencia solicitó información a todas las Jefaturas del país

Traficantes de personas con base en Maldonado

Luego de comparecer ante la Justicia competente los 23 ciudadanos brasileños fueron dejados en libertad, pero emplazados para presentarse en la jornada ante la Dirección Nacional de Migraciones. En esta instancia las autoridades deberán determinar cuál es la situación de los mismos, no descartándose que sean «expulsados» del país.

Las fuentes consultadas por LA REPUBLICA indicaron que sólo algunas de estas personas, una sola mujer, tenían su documentación brasileña, mientras que los restantes eran indocumentados totales. Migraciones deberá establecer cómo ingresaron al país, por dónde y en qué fecha, en el caso de que estuvieran registrados en algún paso de frontera del norte.

Pero existen pocas probabilidades de que esto ocurra, ya que la organización que los explotaba se movía por completo al margen de la ley, y así como pasaban contrabando habría hecho ingresar a los individuos.

Tras comparecer entre el viernes y sábado en la Justicia regresaron a la vivienda de tres metros por cuatro en la que vivían totalmente hacinados en la ciudad de Pando.

Esclavitud

Como fuera adelantado por LA REPUBLICA en la edición del pasado sábado, estas personas eran explotadas por dos organizaciones. Una integrada por brasileños que los traía clandestinamente desde el nordeste de Brasil, y otro compuesta por uruguayos que los usaba para el trasiego de mercadería de contrabando desde Pando a Montevideo.

En sus lugares de origen los individuos (de entre 20 y 45 años) eran contactados por los traficantes, quienes le prometían salir de la miseria. Para esto les pagaban el viaje a Uruguay donde supuestamente tendrían trabajo asegurado. Pero la realidad era otra, y una vez establecidos comprendían que en realidad debían vivir totalmente hacinados, sin agua potable y mal alimentados.

Los brasileños debían salir a vender puerta a puerta la mercadería ingresada ilegalmente al país, consistente en manteles, sábanas, hamacas, toallas y sombreros. Por día recibían unos 40 pesos, con los cuales debían costearse los boletos, y la comida. Se mantenía con un huevo duro y otros alimentos baratos carentes de valores nutritivos.

Y como los traficantes eran sus acreedores (por el pasaje cada uno les debía unos 2.500 pesos), nunca llegaban a pagar esa suma y dada la condición de ilegal que enfrentaban, estaban de rehenes.

Esta rutina de trabajo la repetían todos los días durante más de 12 horas. No tenían agua potable y la que usaban la sacaban de un pozo: la misma estaría contaminada.

Las fuentes señalaron que era evidente el hacinamiento y la falta de higiene que sufrían, percibiéndose esto último a través del fuerte olor que expedían. La marginalidad que enfrentaban era tal que algunos de ellos optaron por vivir arriba del techo de la finca, donde la Policía halló dos colchones.

La estructura

Esta situación fue descubierta por el Departamento II de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, repartición que ha sido designada para canalizar la lucha al contrabando. Desde el inicio de la campaña han sido decenas los golpes efectuados, lo cual ha motivado que los contrabandistas comenzaran a buscar nuevas artimañas para ingresar sus productos, ya que los convencionales, usados durante años, habían sido cortados.

Y allí surgió la modalidad del trasiego desde Pando a Montevideo, mediante el uso de «mulas». Pero la realidad de estas personas era desconocida, en cuanto a las condiciones infrahumanas que enfrentaban.

Las fuentes requeridas por LA REPUBLICA indicaron que existen algunos elementos que revelan que este grupo estaría operando desde hace unos ocho años, y que tendrían presencia en varios departamentos del país. Hoy por hoy se sabe que estaban en Canelones y de acuerdo a los nuevos indicios obtenidos, la parte brasileña tendría su base en Maldonado.

Allí poseen propiedades, y la Policía local hace varios meses les propinó unos cuantos golpes a nivel del contrabando, incautándoles vehículos y mercaderías.

En este sentido, se indicó que hasta hace unos 15 días, los brasileños estuvieron en territorio fernandino. Los cabecillas de esta mafia tienen su otra base en Bahía, Brasil, lugar del que provienen varios de los reclutados. Los investigadores manejan información acerca de que habría entre 30 y 40 células más de este tipo en territorio nacional.

Los datos recabados indican que los van rotando de un departamento a otro, y reponiendo a medida que algunos de ellos logran romper el cerco consiguiendo otro tipo de trabajo o a través de vínculos de amistad que traban con uruguayos. Vista esta realidad, desde la sede de Inteligencia se irradió el pasado sábado una solicitud a las 19 Jefaturas de Policía del país, para que reporten información que permita avanzar en las pesquisas sobre el tráfico ilegal de personas y contrabando. *

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