¿No hay una pequeña condena por ebriedad?

El vecino de Rivera, de 38 años, no quería creer cuando el comisario le dijo que estaba libre y podía irse a su casa, donde lo esperaba su mujer. No, en realidad, hubiera preferido que el juez lo tuviera algunos días preso hasta que la furia de su esposa se calmara. «¿No hay una pequeña condena por ebriedad?», preguntó al comisario, ya cansado de las «calaveriadas» del vecino riverense: «Vaya, amigo y aguante, que para eso es macho», le dijo el comisario. «Es que usted no conoce a mi mujer cuando está enojada». Cuando se iba el comisario alcanzó a gritarle desde la puerta: «Es que esta vez usted se pasó de la raya». Bueno, más bien el hombre se había pasado de copas y en medio de su ebriedad simuló haber sido asaltado, para poder justificar ante su mujer todo el dinero que había perdido durante cuarenta y ocho horas de parranda corrida.

Según informó la Seccional 9ª a las 8 horas del viernes pasado se recibió una llamada de vecinos que indicaban que frente a la calle Tomás Diago 194, estaban los bomberos rescatando a una persona caída y maniatada dentro de una cuneta. Al concurrir la Policía, se supo que se trataba de LPRC, de 38 años, domiciliado en Santa Isabel, quien fue liberado de sus ataduras y trasladado al hospital, donde los médicos comprobaron que estaba borracho y presentaba equimosis.

Luego de ser dado de alta, el hombre fue indagado por la Policía, manifestando que había salido de su domicilio a pagar cuentas con 1.500 pesos y por el camino se tomó dos cervezas. Cuando retornaba, frente al Estadio Municipal, se detuvo un auto blanco conducido por un hombre y acompañado por una mujer. Estos lo invitaron a llevarlo y aceptó. Al rato, el hombre lo amenazó con un revólver y le exigieron el dinero, contestando que solamente le quedaban 25 pesos.

Tras un recorrido, lo hicieron descender y tirarse al suelo, donde la mujer lo ató con su propio cinturón. Cuando la Policía comprobó que algunas cosas narradas no coincidían, volvieron a interrogarlo. Entonces, el hombre contó que salió el jueves con el encargo de cobrar el sueldo de su esposa que es docente y después que lo cobró se fue a un bar donde se reunió con unos amigos donde bebieron hasta que se agotó la cerveza.

Gritando «yo pago», como buen «mamao», el esposo siguió con sus cuatro amigos gastando el sueldo de su esposa. Entonces fueron a un almacén del lado de Brasil donde compraron un casillero de cerveza y se fueron al cerro Caqueiro para agotar el contenido de las botellas.

Luego, empezó a llorar cuando vio que le quedaban 25 pesos del sueldo de su mujer, ocasión en que le pidió a sus amigos de beberaje que lo ataran y lo dejaran tirado en una cuneta.

La esposa fue llamada por la Policía y acudió al despacho del comisario hecha una furia. «Cuando lo agarre lo mato», repetía la mujer. Por esa razón, el comisario comunicó la situación al juez para ver qué hacía con el borracho. El magistrado dispuso que quede registrado el antecedente y que lo pongan en libertad. Fue ese el instante en que el borracho pidió que le dieran una pequeña condena por ebriedad. *

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