Denuncian "arbitrariedad" en la Seccional 24ª del Cerro
Cristina Bardanca, domiciliada en la zona del Cerro y miembro de la Comisión de Seguridad Barrial, dijo que el 1ro. de noviembre a las 10 de la mañana tuvo un incidente con una vecina. Esta mujer, tras acusarla de haber tirado agua jane sobre su ropa tendida, comenzó a insultarla a ella y a su hija, y luego golpeó el portón del garaje.
«A consecuencia de todo eso, yo llamé al patrullero pero como no apareció fui hasta la Seccional acompañada de tres testigos para hacer la denuncia. Detrás, entró la denunciada con su madre a hacer una contra-denuncia».
«Bueno, hasta aquí es un problema vecinal como hay tantos», dijo Bardanca. «Lo peor, es lo que pasó en la Comisaría. Nos hicieron pasar a una sala de espera con la denunciada y de pronto veo que una agente se manifiesta amiga de la mujer que me había agredido y le ofrece cigarrillos, algo de beber o comestibles. Yo le pregunto a un agente el nombre de la funcionaria para informar de su actitud al comisario, pero se enoja conmigo…»
«En ese momento comienza lo más insólito. El oficial principal Acosta, que estaba en funciones de ‘Segundo’ o sea, a cargo de la comisaría, ingresó gritando diciendo que «acá no hay ningún Varela y el que manda soy yo…». Entonces nos hace pasar al interior diciéndonos que estamos todos detenidos e incomunicados. Pero la mujer que yo fui a denunciar tenía un celular y hablaba con todo el mundo. El oficial Acosta siguió gritando y yo le manifestaba que me hablara bien. Entonces respondió que él hablaba así siempre en todos lados».
«Luego de dos horas, preguntamos nuevamente por qué estábamos incomunicados, mi hija, mis testigos y yo, que éramos los denunciantes y nadie nos respondió. Llegó luego mi otra hija y no la dejaron pasar. Me sentí como una delincuente.
«En ese lapso presencié cosas horribles. Una de ellas fue el arribo de un hombre con problemas de salud solicitando ser trasladado al Hospital Vilardebó por sentirse mal y los policías se rieron –continuó narrando Cristina Bardanca–. Esta persona, aparentemente enferma siquiátrica intentó escapar varias veces, hasta que al final lo encerraron en un calabozo. Sentimos sus gritos desgarradores pidiendo que lo sacaran de allí. Era un enfermo y estaba preso».
«Por esa situación me sentí mal, debido a que soy hipertensa. Pedí que me tomaran la presión y no me hicieron caso. A las 16 horas cambió el turno, ingresando el oficial Meneses, quien ingresó sin entender nada de lo que sucedía. Este oficial me hizo pasar para tomarme declaración y yo le expuse todos los antecedentes. Le dije que la otra parte era la agresora, que me había atacado en mi casa e insultado a mis hijas».
«Cuando salimos de la comisaría eran más de las 17 horas. Llegué a mi casa en un estado de nervios muy delicado. Me tomé la presión y tenía 18-14 por lo que tuve que llamar a una emergencia médica móvil». Yo pregunto: ¿Cuál fue mi delito?». «Fue una mala jornada, donde mis hijas, los testigos y yo recibimos la sensación de lo que es la injusticia total y la arbitrariedad policial por un hecho absurdo. Yo quisiera saber si el ministro del Interior sabe lo que pasa en una comisaría de Montevideo, porque el camino de la seguridad barrial iniciado por el ministro, si bien es el correcto, resulta muy difícil de transitar».
«Yo pertenezco a las Comisión de Seguridad Barrial del Cerro, que se reúne en la Casa de los Canillitas, en Grecia y Francia, pero jamás pensé en obtener algún privilegio por ello, puesto que nadie puede tener privilegios ante la Ley.
Sin embargo, siendo conocida en la 24ª como integrante de la Comisión de Seguridad Barrial, estuve con mi familia incomunicada durante siete horas mientras que la parte transgresora era muy bien atendida. Porque, además, yo creo que la incomunicación es un resorte exclusivamente judicial».
«Creo que es hora que el comisario Varela empiece a aplicar lo que aprendió en España, sobre todo para transmitirle sus conocimientos a sus ayudantes», finalizó diciendo la señora Bardanca. *
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