Siguen buscando el cuerpo de la mujer argentina
Familiares de la mujer fallecida se trasladaron a Uruguay a instancias del magistrado, quien juntamente al personal de Interpol realizó uno de los trabajos de investigación más inteligentes y coordinados de los últimos tiempos. Una fuente policial definió al juez «como el director técnico de este trabajo».
La clínica clandestina de abortos estaba estrechamente vigilada por Interpol desde los primeros momentos, hace siete meses. Las actuaciones, dirigidas por el juez Vomero, culminaron finalmente ayer de mañana con el procesamiento de la mujer que se encargaba de conseguir señoras que estaban decididas a interrumpir su embarazo.
Esta mujer esperó a Silvia Funes cuando vino de Buenos Aires el 18 de abril. Tras recogerla de la Terminal Tres Cruces, la llevó hasta la clínica, donde en colaboración con la nuera de la dueña realizaron el aborto que terminó con su vida. Ambas fueron procesadas ayer por el delito de «complicidad en aborto con resultado de muerte».
En horas de la noche, el magistrado ordenó el procesamiento del médico que atendió a la víctima a instancias de la partera. El facultativo fue procesado por «omisión de asistencia». Entre tanto, un policía que efectuaba tareas de vigilancia en la clínica fue procesado por «encubrimiento».
Pero el trámite judicial sigue su curso. Pese a que el cuerpo todavía no ha podido ser localizado, se tiene casi la certeza de que la víctima después de fallecer por una hemorragia fue incinerada. Sigue implicada la abortera dueña de la clínica a quien podrían procesar por el delito de aborto con resultado de muerte, además de otras figuras delictivas relativas al ocultamiento del hecho y a la eliminación del cuerpo.
Anoche personal de Interpol, coraceros y bomberos continuaban buscando en una finca ubicada en Mendoza y Domingo Arena los restos mortales de la infortunada Silvia Funes.
Viaje hacia la muerte
El 8 de mayo pasado, LA REPUBLICA informaba sobre la investigación iniciada por el comando de Interpol, a partir de la denuncia presentada por su esposo, quien viajó especialmente a Montevideo para tales efectos.
Dijo el hombre que su esposa Silvia Liliana Funes Guzmán, nacida en argentina el 27 de febrero de 1975, viajó a Montevideo el día 18 de abril arribando a la terminal Tres Cruces a las 6 de la mañana. Antes de partir ella le había dicho que estaba embarazada de dos meses y que el motivo de su viaje era para hacerse un aborto en una clínica de 8 de Octubre y Comercio.
El esposo dijo que cuando llegó a Montevideo en busca de su esposa, fue a la clínica y allí le dijeron que ella nunca se había presentado. Temiendo lo peor, el hombre radicó la denuncia en las oficinas de Interpol cuyos integrantes comenzaron a trabajar en el caso.
La primera pista
Días después, en la redacción de LA REPUBLICA se recibió un sobre azul dirigido a «Sección Policial». El mismo contenía una carta sin firma, escrita a mano con birome refiriéndose a la clínica de 8 de Octubre 3579. Decía que la dueña de la clínica, con antecedentes penales, le practicó un aborto a una mujer joven que había venido de la Argentina, quien no era otra que la mencionada Silvia Funes.
Decía la carta: «Al parecer murió por hemorragia. La partera llamó a un médico y éste le indicó un suero, pero la mujer ya se había muerto. Luego, ella hizo desaparecer el cuerpo. Primero echó a todos de la clínica y quedó ella sola con un hijo, quienes, según se comentó, la habrían quemado…»
Esta carta, cuyo contenido nunca fue publicado, se convirtió en la primera pista del caso y fue enviada por fax a las autoridades de Interpol. Fue entonces que se dispuso el allanamiento de la clínica y la detención de la partera y dos empleadas. Como no había pruebas para establecer responsabilidades y en la clínica no aparecieron elementos incriminatorios, todos quedaron en libertad, pero la investigación siguió su curso.
Se necesitaron siete meses de pacientes vigilancias en la clínica, seguimientos y control de personas. El juez Vomero a cargo del caso, mantuvo varias reuniones de trabajo con Interpol a los efectos de intercambiar criterios. El magistrado estaba convencido del triste final de Silvia Funes y preparó una serie de procedimientos para que los asesinos cayeran en las redes policiales.
Aparece el contacto
Como resultado de esas pesquisas se logró identificar a la mujer que fue a buscar a Silvia a la terminal para llevarla a la clínica. La misma fue detenida nuevamente e interrogada a fondo hasta que cayó en contradicciones.
En un principio, ella había dicho que su misión era llevar a la mujer hasta la clínica, pero después la dejó allí y no sabe lo que pasó. Pero la realidad era bien distinta.
Los hombres de Interpol y el juez ya sabían todo cuando interrogaban a la sospechosa. Faltaban detalles.
Y ella los dio. Dijo que efectivamente le hicieron un aborto y «la mujer se quedó en la intervención», pero no admitió conocer el destino que le dieron al cuerpo de la infortunada.
En los últimos días, el juez Vomero ordenó la detención de la dueña de la clínica, a sus dos hijos, su nuera y a un médico. Todos estaban implicados. Según pudo saberse, la partera vio que la mujer se sentía mal por causa de una hemorragia y llamó al médico para consultarlo. Este llegó y le practicó una ecografía. Entonces le dijo: «Qué hiciste… le pinchaste el hígado…». El médico, en lugar de intervenirla para tratar de salvarle la vida, se desligó y se retiró mientras la joven embarazada se moría por anemia aguda.
Hasta que llegó el día miércoles en que la nuera de la dueña confesó que los restos de la mujer habían sido enterrados en una finca de su propiedad sita en Carlos Pérez Montero y Luis Azarola Gil.
Todos marcharon para ese lugar, ya que lo único que faltaba para cerrar el caso era la aparición del cadáver. El miércoles desde la tarde hasta altas horas de la noche, los bomberos estuvieron cavando en el lugar pero no hallaron el cuerpo.
En cambio, encontraron ropas y otros elementos, al parecer de propiedad de Silvia Funes. Los mismos fueron exhibidos ayer a familiares de la víctima para confirmar si le pertenecían a ella.
Al cierre de la presente edición continuaba la búsqueda en la finca de la calle Domingo Arena. *
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