Héctor Gros Espiell: "La legítima defensa no es venganza ciega"
Tras las exposiciones de la mañana, que estuvieron a cargo del profesor Bernardo Quagliatti De Bellis y del doctor Edison González Lapeyre, la disertación que despertó mayor atención fue la del ex canciller Héctor Gros Espiell, quien se extendió sobre los conceptos «Terrorismo, Guerra y Legítima Defensa».
Al término de su exposición, Gros Espiell resumió las claves del tema en tres puntos. Primero: «El ataque del 11 de setiembre es un ataque armado»; Segundo: Genera el derecho de legítima defensa, que no es venganza ciega y debe aplicarse dentro del marco del derecho; y tercero: La legitimidad no es un cheque en blanco y se debe aplicar bajo el control del Consejo de Seguridad de la ONU.
Cabe señalar que la posición de Gros Espiel se contradice con la opinión unánime de los profesores de la Cátedra de Derecho Internacional Público de la Facultad de Derecho, que manifiestan que no existe legítima defensa.
Comenzó el catedrático: «El terrorismo no es un fenómeno nuevo, pero en la óptica nuestra se desarrolla en los siglos XIX y XX. En ese contexto, lo más clásico del terrorismo han sido siempre los asesinatos de jefes de Estado, y es larga la lista de reyes y presidentes asesinados».
Señaló Gros Espiell que esos hechos constituían el terrorismo individual, matando a una persona que era símbolo del estado para causar el terror. «Lo que hoy tenemos es muy distinto –dice Gros Espiell– y se conoce como el hiperterrorismo mediante una masacre que provoca incertidumbre y miedo». Es por ello que la lucha contra el terrorismo ha sido ineficaz, debido a sus múltiples formas de acción».
Legítima defensa
El reconocido profesor de derecho internacional dijo que «no hay que ser demasiado preciso para describir el terrorismo. Basta decir que es como una ameba que va tomando diferentes formas a cada golpe. Generalmente están dirigidos contra un estado con el fin de provocar el terror entre la gente. Antes, ese accionar se definía por el uso de armas de fuego o explosivos.
Pero ahora todo cambió y se usan aviones civiles secuestrados para dirigirlos a impactar contra enormes edificios. Se trata del primer acto de la forma más peligrosa, por lo que cabe esperar otros».
«En cambio la guerra es el conflicto bélico entre dos o más estados, según la doctrina clásica. Entonces tenemos que el 11 de setiembre cambió todo porque se produjo un ataque armado irregular, que no proviene de otro estado en forma directa». Tenemos que tener en cuenta –dice– que la resolución del Congreso de los EEUU no habla de guerra, si no que «se autoriza al presidente el uso de la fuerza contra estado, organización o persona».
«En consecuencia, tendría que existir una respuesta, pero ¿cómo? La única forma jurídica era la legítima defensa tradicional en todo el derecho ya sea interno o externo. Para ejercer la legítima defensa se necesitan dos elementos claves: inmediatez y proporcionalidad.
Es un derecho consuetudinario que establece que frente a un ataque existe el derecho legítimo a la defensda, lo cual fue recogido en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas».
El expositor agregó que «la legítima defensa requiere entonces de la inmediatez, pues si no existe es una simple represalia». Puso el ejemplo del ataque que sufre una persona en su casa. debe defenderse en el momento, pues si lo hace a los tres días, no puede esgrimir legítima defensa».
«Pero en el caso del ataque contra las torres gemelas de Nueva York, no puede pensarse que la reacción del estado deba producirse al día siguiente, ya que ello debe requerir una preparación».
Proporcionalidad
Sobre este aspecto, el catedrático dijo que una resolución de la ONU establece que «un ataque nuclear puede ser respondido por otro ataque nuclear».
Lo del 11 de setiembre no fue un ataque nuclear y en consecuencia no se podían usar armas nucleares en la respuesta. Solamente se podían usar armas convencionales.
«Este ataque, según la ONU, no puede estar dirigido a objetivos civiles, pero se habla de efectos colaterales no deseados, lo que podría revestir un carácter que afecte la proporcionalidad.
Si la ofensiva sigue, va a haber una desproporcion y como la Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza salvo por autorización del Consejo de Seguridad o por legítima defensa, se optó por este último recurso».
«Pero para que exista legítima defensa –sostuvo Gros Espiell– debe haber un ataque armado y yo considero que lo del 11 de setiembre fue un ataque armado, porque se usó como arma un avión de pasajeros. En consecuencia, yo creo que EEUU fue atacado, aunque puede haber otras opiniones».
Cabe informar que el Consejo de Seguridad adoptó dos resoluciones luego de los atentados reconociendo el derecho a la legítima defensa. «Operan también otros tratados anteriores, fundamentalmente el que establece que el ataque a un estado significa el ataque a todos los restantes miembros de la OTAN y por ese motivo se puso en práctica la legítima defensa colectiva. El otro tratado de asistencia recíproca, TIAR –ilustró el conferencista–, fue también invocado por los cancilleres, pero en el caso del Uruguay no hay que olvidar que el Partido Nacional, que forma parte de la coalición de gobierno, siempre fue contrario al Tratado de Río».
El ántrax
Finalmente, Gros Espiell dijo que un ataque bacteriológico también debe ser considerado un ataque armado, porque forma parte de lo que se llaman las armas químicas y ellas pueden ser más terribles que las otras.
Los japoneses habían descubierto en 1945 que el bacilo de ántrax constituía el arma química ideal, señaló el conferencista, ya que era el más barato y además era fácil de producir, fácil de almacenar y de trasmitir con el mínimo riesgo. Sobre el uso de armas químicas existen tres tratados que las prohíben.
Uno de 1925, tras la Primera Guerra Mundial, que prohíbe el uso de gases asfixiantes, y otros dos de los años 72 y 94, contra las armas químicas y bacteriológicas.
«Pero –añadió– nadie pensó al hacer esos tratados que dichas armas químicas podían ser usadas por organizaciones terroristas, lo que vino a dejar a los tratados casi en desuso».
Al finalizar su exposición, señaló que «lo difícil es hacer un diagnóstico de lo que podrá suceder en el futuro, ya que todas las posibilidades están abiertas, incluso matando o enjuiciando a Bin Laden. Lo que hay que entender es que el terrorismo, en esencia, está al margen del derecho, por eso hay que pensar en nuevos instrumentos».*
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