Desde el 11 de setiembre hubo un promedio de 1,2 salidas diarias por alarmas de bombas

Psicosis pos Manhattan

La última de las falsas alarmas se registró el pasado lunes, cuando en la Escuela Estados Unidos sita en Uruguay y Vázquez, se recibió una llamada que daba cuenta de la existencia de un artefacto explosivo en el edificio.

Los docentes de la institución tomaron las medidas de precaución para el caso, protegiendo a los niños, a la vez que dieron cuenta a las autoridades. Escenas similares de pánico y preocupación se viven desde el 11 de setiembre de 2001 a un ritmo que preocupa a las autoridades.

La psicosis que esto genera, y la distracción de los recursos existentes en situaciones de este tipo, son dos de los puntos más sensibles. En la mayoría de los casos los anuncios de bombas son efectuados desde teléfonos públicos, lo cual condiciona en gran medida el éxito de una investigación policial.

Estadísticas de la Dirección Nacional de Bomberos a las que accedió LA REPUBLICA, indican que fueron 35 las salidas realizadas desde minutos después que los aviones se incrustaron en los símbolos de Manhattan hasta la fecha, en Montevideo y Canelones.

Pero las llamadas fueron más que las salidas, ya que en algunos casos las propias instituciones receptoras de los mensajes decidieron no realizar la denuncia, por estimar que carecían de riesgo. Tal es el caso de lo ocurrido en el Ministerio del Interior, que por ejemplo el mismo 11 de setiembre fue objeto de una de estas «bromas».

Las 35 salidas representan 1,2 por día. Si bien históricamente se han dado este tipo de situaciones (principalmente en centros de enseñanza), el ritmo que se vive hoy por hoy se ha convertido en un problema. Cada vez que se recibe en Bomberos una solicitud de intervención, debe despachar un equipo completo con personal capacitado para estos menesteres.

Los funcionarios cuentan con apoyo de la comisaría de la zona, y eventualmente del Servicio de Material y Armamentos del Ejército. Inspeccionar un lugar lleva, aproximadamente, una hora. Durante este tiempo la zona afectada se ve convulsionada por el despliegue, que puede incluir la presencia de canes detectores de bombas.

Aunque hay una máxima en este tipo de situaciones, que dice «el que va a poner una bomba no avisa que va a estallar», fuentes de Bomberos dijeron que no se puede dejar de atender un requerimiento de esta magnitud. Una comprobación de esto fue la seguidilla de bombas que a principios de 1999 un marino colocó en tres lugares. Nunca avisó antes, sino que después reivindicaba la acción.

 

Objetivos

 

Visto el contexto en el que se producen estas falsas alarmas surge que no todos los receptores tendrían eventualmente una relación con la situación. Sólo un 17 por ciento tendría nexos o bien con Estados Unidos o con Israel.

En el detalle aparecen lugares tan disímiles como el Casmu hasta Nestle SA, pasando por centros de enseñanza, la casa del Partido Colorado, el Poder Judicial, la Galería del Notariado o una barraca. Las fuentes consultadas indicaron que hay personas que aprovechan este contexto para canalizar su enojo con algún lugar de trabajo, contra alguna institución en particular o para evitar concurrir al liceo.

Otros sólo lo hacen por aburrimiento o diversión. Tal es el caso de un joven que llamó el domingo de 16 de setiembre al Hotel Victoria Plaza desde un teléfono celular para decir que había una bomba. Es el único caso en el que la Policía, en este caso en nombre del Departamento de Operaciones Especiales de Jefatura, pudo dar con el «bromista». El hecho de usar un celular marcó su suerte y terminó tras las rejas por simular un delito. *

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