Droga, alcohol y leyes
La oportunidad para intercambiar sobre estos temas se dio el pasado 27 de setiembre en la Comisión de Seguridad Ciudadana con los integrantes de la Junta Nacional de Drogas. La presión ejercida por las empresas que fabrican bebidas alcohólicas para no informar en sus etiquetas las consecuencias del consumo, y el anuncio de «votar con las dos manos» una ley que permita al juez procesar por «presunción moral» en caso de drogas realizado por un diputado, fueron algunas de las revelaciones que marcaron la reunión.
Por la JND concurrió su presidente, Leonardo Costa, la secretaria general Raquel Magri y el asesor Alejandro Montesdeoca. Por los diputados estuvieron Pablo Mieres, Walter Verner, Margarita Percovich, Daisy Tourné y Jorge Orrico.
Como primera conclusión se destaca que el acohol preocupa mucho más a las autoridades que cualquier otra sustancia, incluso que las ilegales. Costa explicó que del trabajo realizado en todo el país «se llegó a la conclusión de que las sustancias que preocupan a un departamento no necesariamente preocupan a otro. Una preocupación generalizada es la del alcohol».
El legislador colorado Vener afirmó que «es necesario separar claramente la paja del trigo» al aludir al alcoholismo y la drogadicción, porque si bien «hay un problema de drogadicción en el país, pero hay uno de alcoholismo mucho más grave, a partir de una subcultura alcohólica tan extendida que genera, por lo menos, indiferencia en el plano social en cuanto a la condena –más allá de que se trate de un consumo legalizado– al exceso de consumo de alcohol».
Lobbies
El intercambio entre Costa y Verner se dio en un contexto en el cual el primero explicaba las tres grandes líneas de acción de la junta: «Una de ellas hace a la reducción de la demanda, la otra al control de la oferta, y por último –nosotros la hemos agregado recientemente–, la que tiene que ver con el tema de reducción de daños».
El legislador intervino en este sentido y dijo que los daños y costos causados por el alcohol son muy importantes año a año, lo cual en su momento lo impulsó a presentar un proyecto de ley para que las botellas de las bebidas alcohólicas informasen las secuelas del producto.
«Tuvimos una experiencia personal muy interesante –recordó Vener– con la presentación de un proyecto de ley que pretendió establecer algunas regulaciones mínimas sobre publicidad de bebidas alcohólicas, lo cual fue un absoluto fracaso. Fue así porque los ‘lobbies’ empezaron a movilizarse, se presentaron el Inavi, la Federación de Bebidas y de Cerveza en la Comisión de Salud Pública».
El diputado pretendía que el proyecto incluyera una cláusula que «dijera que el consumo de alcohol no se puede asociar al éxito económico, social o sexual, que son las tres formas por las que la propaganda intenta captar al individuo hacia el consumo. Todo eso fracasó; el proyecto de ley sólo dice que el Poder Ejecutivo le pondrá un rótulo, que no sabemos cuál es. Eso en su momento me molestó mucho –porque no se trata de un problema partidario, ya que mis compañeros del Partido Colorado tampoco me apoyaron, sino de actitud frente al problema–, pero también me sirvió para darme cuenta de lo difícil que es luchar con la subcultura alcohólica que existe en el país», tal como consta en las actas de la sesión del día.
La tele y los niños
Por su parte, el diputado frentista Orrico preguntó a las autoridades de la junta qué líneas se podían tomar desde el Parlamento para legislar al respecto, y comentó lo que acontece en Estados Unidos, donde «en las carreteras no se coloca más publicidad de tabaco porque el individuo al transitar por ella y ver carteles con este tipo de propaganda puede sentirse acompañado por el tabaco y, de pronto, enciende un cigarrillo».
Si bien el legislador coincidió con Costa en cuanto a la negativa de prohibir la publicidad, ya que «prohibir es una incitación», opinó que deben buscarse mecanismos para corregir algunas situaciones: «El problema en el Uruguay es que los mayores consumidores de televisión y de teleteatros son los menores de doce años. En el interior, un niño menor de doce años está un promedio de seis horas diarias frente al televisor».
A su entender, «buscar horarios de protección al menor, de acuerdo a los informes del Iname que he leído, ha sido un absoluto fracaso, porque no hay horarios para niños».
La droga y la moral
Otro de los ejes del debate en el Parlamento fue el proyecto presentado por el Ministerio del Interior para combatir a los vendedores de droga que, amparándose en la legislación, portan pequeñas cantidades encima para que, llegado el caso de ser detenidos, poder alegar que es para consumo personal.
La secretaría de Estado pretende modificar este punto y darle mayores facultades al magistrado actuante para considerar, más allá de la cantidad, la real dedicación del individuo.
Por parte de la Junta Nacional de Drogas se hizo saber que se apuesta a una mayor coordinación y comunicación entre las distintas instituciones públicas y privadas que se ven involucradas en el tema, como forma primordial. En este sentido se vienen realizando encuentros y capacitación de docentes, comisarios y educadores.
Una posición mucho más radical demostró Verner quien afirmó que «en esta área dejo de ser liberal y me pongo bastante represor. La conducta de la venta minoritaria en los liceos para ampararse como consumidor frente a la posibilidad del arresto o procesamiento, es una de las tantas formas muy ingeniosas del narcotráfico. Según mi opinión, debe ser penalizado, no necesariamente con cárcel, puede ser a través de una multa, pues el narcotráfico lo que tiene es dinero y se puede destinar a promover políticas antidrogas».
Y redondeó su posición: «hago la consideración especialísima de que en política de drogas todo es complementario, nada es alternativo, para mí lo único descartable es la jeringa y el preservativo, después todo lo demás tenemos que utilizarlo. Digo esto al punto de que si me propusieran una ley diciendo que los delitos de narcotráfico o conexos se sancionarán por convicción moral del magistrado, la votaría con las dos manos». *
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