Una joven de 24 años intentó lanzarse del piso 22 de la IMM
Antes de las 19 horas la muchacha saltó el cristal de protección y se paró en el pretil a una altura que de pensarlo solamente da vértigo. Durante casi una hora y media, el subcomisario Miguel Mello, de la Seccional 2ª y el comisario Curbelo, de Bomberos, dialogaron con la joven que amenazaba tirarse al vacío. Luego, trajeron al novio que ayudó a convencerla. Pero no había caso. Ella quería terminar con su vida. En un momento dado, ella quiso darle la mano a su novio a modo de despedida y ese instante fue aprovechado por el subcomisario Mello, quien le aplicó las esposas en la muñeca y ayudado por el comisario Curbelo, logró retirarla del pretil.
La noche comenzaba a extenderse plácidamente por nuestra principal avenida, mientras el jolgorio se alejaba hacia la zona del Estadio Centenario donde se enfrentarían dos colosos del fútbol rioplatense.
De pronto, la ruptura de la paz sobrevino desde un lugar a 22 pisos de altura, escenario de otros intentos suicidas anteriores.
En 18 de Julio y Ejido, nadie sabía lo que pasaba, pero como en las mejores épocas de los platos voladores, todos miraban para arriba, hasta localizar un pequeño punto que se sacudía por el viento. Forzando la vista, se podía ver a lo lejos el vestido de una mujer que estaba parada en el pretil del piso 22 de la IMM, un piso antes del Mirador Municipal.
En ese preciso momento sonaba la alarma en la Dirección Nacional de Bomberos y en la Seccional 2ª. Un equipo de Rescate de Bomberos acudió rápidamente al lugar, haciendo lo propio unidades de Radio Patrulla y efectivos de la Seccional 2ª, a cuyo mando iba el comisario Joaquín Brites secundado por el subcomisario Miguel Mello.
Junto con el comisario Curbelo de la Dirección Nacional de Bomberos, convinieron en subir rápidamente hasta el piso 22. Mientras Brites se quedaba en el exterior coordinando los operativos de los distintos servicios que llegaban al lugar, incluyendo las ambulancias, Mello y Curbelo subieron reclamando prioridad absoluta para el manejo de los ascensores.
Todo el procedimiento estuvo rodeado de un nivel de profesionalidad que fue destacado luego del feliz término por el director de Seguridad, inspector Narciso Alvez. Cabe señalar que el mayor contingente de toda la fuerza policial estaba destacado a brindar seguridad en torno al Estadio Centenario.
«La convidé con un cigarrillo»
El subcomisario Mello relató ante el cronista de LA REPUBLICA los dramáticos momentos vividos en aquellas alturas, «donde el viento parecía que nos iba a arrancar a aquella muchacha de nuestras manos».
«El comisario Curbelo y yo no sabíamos cómo empezar, pero recordamos que lo primero era tratar de tranquilizarla y fue entonces cuando le ofrecí un cigarrillo. Ella me dijo: «Pero dámelo prendido, porque acá hay mucho viento…» Parecía broma pero eran instantes de gran tensión. Nosotros no podíamos alcanzarla con nuestras manos para rescatarla, porque ella estaba del otro lado del vidrio protector, parada en el pretil, al borde del vacío que nos parecía interminable…»
«Le dí el cigarrillo prendido que ella lo fumó nerviosa y la hicimos hablar.
Allí nos enteramos que su nombre era Verónica y que tiene 24 años. Nos dijo que se había peleado con su novio. Ella dijo que es de Paysandú, donde están todos sus familiares. Acá en Montevideo, no tiene a nadie. Vive en Las Piedras con su abuela. Nos dijo que fue el novio quien la dejó porque él tiene problemas económicos y ella, que no tiene trabajo, no lo puede ayudar…
Entonces le hablamos de que a su edad es más fácil encontrar un trabajo. Nosotros nos ofrecimos a ayudarla. Incluso le dije que yo todo lo que tenía en esos momentos en el bolsillo eran mil pesos y que se los daba si ella aceptaba salir del pretil».
«Trajimos al novio»
No había forma de convencerla. Ella estaba de espaldas al vidrio, mirando hacia el vacío negro y abajo las luces de la ciudad. «El viento le hacía volar su vestido y nosotros creíamos que en cualquier momento, también ella iba a salir volando. La angustia y la desesperación nos estaban venciendo. Entonces le pedimos que nos hablara del novio. Nos dijo que se llama Efraín y que era muy bueno. Que ellos se llevaban bien, pero que ahora había un gran problema económico en su familia y por eso él la había dejado.
Tuvimos la gran idea de preguntarle el domicilio y el teléfono de Efraín y pedimos al comisario Brites, que estaba abajo, que lo localizara. Fueron a buscarlo en un patrullero y lo trajeron en pocos minutos.
Cuando ella lo vio, no lo podía creer. Yo pensé que nos habíamos equivocado y que se iba a tirar. Pero no. Ellos empezaron a hablar y Efraín le rogó a Verónica que no se tirara, que todo se iba a arreglar y podían volver a estar juntos. Pero ella no le creía. Efraín insistió y en un momento dado –relata el subcomisario Mello– me di cuenta de que había una oportunidad. Ellos optaron por darse las manos como un trágico saludo de despedida. Ese fue el instante que estaba esperando. Cuando ella pasó la mano por encima del vidrio para estrechar la mano de su novio, yo le puse las esposas en la muñeca y con la ayuda del comisario Curbelo y del novio Efraín, logramos rescatarla. La sacamos del pretil en medio de una fuerte crisis de nervios. Llegaron los médicos que la atendieron y la sedaron.
Luego, por disposición del juez interviniente, se trasladó a la joven hasta el Hospital Vilardebó para que los médicos le practicaran una evaluación psiquiátrica.
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