Le decía a sus pacientes que era profesor grado 5 en la materia

Tras 30 meses de fraude cayó un falso psiquiatra

La pesquisa que permitió detener al falso médico se inició en el despacho del juez en lo Penal de 7º turno, Pedro Hackenbruch, cuando uno de los pacientes del psiquiatra «trucho» le contó sus sospechas de que tal galeno no sería un profesional universitario.

El magistrado solicitó la intervención de la Dirección de Investigaciones y el inspector Miguel Goró, a cargo de dicha repartición, designó al comisario Mario Arbón, jefe del Departamento de Vigilancia, para que hiciera las indagaciones del caso. No se tenían muchos datos, solamente se sabía su apellido, Fernández, que por ser muy común, dificultó desde el principio las investigaciones.

El comisario Arbón se dedicó a establecer el perfil del sospechoso a partir de la edad que aparentaba, unos 60 años, pero la tarea se vio entorpecida porque el falso psiquiatra era bastante astuto. No atendía en su consultorio privado ni ponía avisos en la prensa promocionando su profesión.

Con estos detalles y otros indicios se llegó a la conclusión de que en efecto se estaba ante un gran simulador que se dedicaba a usurpar la profesión de médico psiquiatra, atendiendo a los clientes en sus propias casas. La forma de conectarse con sus potenciales pacientes era a través de clientes anteriores a quienes les daba su tarjeta con domicilio y un teléfono celular. Siguiendo estas pistas, los investigadores localizaron el domicilio del falso psiquiatra, pero al llegar al lugar con la orden de allanamiento, se estableció que ya no vivía más allí. Se ubicó otra casa y también la encontraron vacía. El hombre tenía la costumbre de cambiar de casa para no dejar rastros.

Nueva estrategia

Estas dificultades fueron un acicate para el jefe de Vigilancia, que al mejor estilo de Sherlock Holmes, distribuyó parejas de funcionarios por la zona del Parque Rodó y el Cordón.

La suerte fue al encuentro de los detectives que encontraron otro paciente.

Este recordó el nombre del «Dr.» y lo informó de una forma muy ingenua: «Ah… ustedes buscan al Dr. Mario Fernández…». Los policías pidieron el nombre completo: Luis Mario Fernández Bertoli, informó el paciente creyendo que le estaba consiguiendo otro cliente al médico.

Con la filiación completa, fue más fácil. Pero tampoco lo encontraron en su casa. Se supo que el hombre tenía 57 años y vivía solo, lo que facilita su continuo cambio de domicilio. Finalmente se estableció que su última casa estaba ubicada en el barrio Cordón Norte y se empezó a vigilar la zona. Hasta que el «fantasma» tan ansiosamente buscado tomó forma humana. Fue detenido caminando por las cercanías de la plaza de los Bomberos y rápidamente terminó frente al juez Hackenbruch. El falso psiquiatra declaró entonces que desde hace dos años y medio se venía dedicando a esa tarea «procurando ayudar a la gente con problemas», cobrando sumas entre 500 y 1.000 pesos por consulta, según la situación de su paciente. Dijo que era psicólogo y sexólogo.

La Policía estableció que el falso psiquiatra registraba tres antecedentes penales. El impostor y estafador agregó que para convencer a la gente les decía que había hecho un curso de posgrado en España, que era grado 5 de la cátedra de psiquiatría en el Hospital de Clínicas y que había participado de varios congresos internacionales. Tras declarar en la víspera ante el juez, el hábil estafador terminó procesado con prisión por «un delito continuado de usurpación de título universitario en concurrencia fuera de la reiteración con un delito continuado de estafa». *

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