Sigue la investigación por el escándalo en el Cementerio de Libertad

Cuando el delito no respeta ni la muerte

Desde entonces y hasta la fecha graves irregularidades se han constatado en la necrópolis de la ciudad maragata; de éstas serían responsables algunos funcionarios municipales y ciertos particulares que no han respetado ni la paz de los muertos.

Las «irregularidades» no se agotan allí. El jefe de Policía de San José, inspector principal (r) Juan Suárez Silva, recibió de manos del intendente Juan Chiruchi cinco expedientes con denuncias concretas, efectuadas por víctimas de atropellos semejantes, tal como se anticipara en ediciones anteriores.

En el ámbito municipal, el jefe comunal ordenó efectuar sumarios administrativos a parte del personal que en el lugar desempeñaba sus labores. Los mismos están hoy en curso. El inspecto Suárez puntualizó a este matutino que cuatro de estos casos refieren a irregularidades en la prestación de servicios en el cementerio local. Las acusaciones allí documentadas señalan que algunos de los funcionarios cobraban como «trabajo extra» las tareas por las cuales la comuna les pagaba su sueldo.

El quinto caso sobre el que la Justicia penal deberá pronunciarse, cuando en las próximas horas la Policía eleve las investigaciones a su órbita de acción, se centra en la denuncia de una mujer que un día se encontró con una increíble situación: «La urna que contenía los restos de un ser querido, que periódicamente visitaba, había desaparecido misteriosamente», reveló uno de los testimonios obtenidos en la ciudad libertense.

Profanación de tumbas

De acuerdo con la información recogida en la ciudad, y con las fuentes policiales y municipales consultadas, LA REPUBLICA pudo comprobar que un funcionario fue ya separado de su cargo. En Libertad, una de las personas directamente perjudicadas con las manipulaciones mencionados declaró: «Nadie se enriquece trabajando de municipal en un cementerio y sin ninguna otra fuente de ingresos… si buscan por ese lado, seguro que ni la Justicia ni Mandrake pueden encontrar una explicación a determinadas cosas».

Otro de los funcionarios comprometidos, ante la presión indagatoria de la comuna, «ya reconoció haber participado de algunas de las irregularidades señaladas». Las mismas se centran en la comercialización de trabajos que debían efectuar los municipales por su calidad de tales, como por ejemplo «la pintura de algún nicho».

Pero además, los vecinos libertenses manejan versiones aun más macabras y que ponen de manifiesto un afán de lucro que ante nada se detiene: robo de coronas florales a los recientemente fallecidos que después serían «revendidas»; hurto de las placas de bronce ubicadas en los nichos para fundirlas, o para borrar sus inscripciones originales con el objetivo de comercializarlas posteriormente; cambio de cajones de «buena madera» por otros «ordinarios»  delito que habría revelado una familia cuando fue a reducir los restos de un familiar–; y hasta cuerpos a los cuales saquearon las alhajas y arreglos dentales con los que fueron enterrados.

Este tenebroso panorama ocurre hoy en Libertad. Los relatos, de los que muchos ciudadanos no quieren participar a la prensa ni revelar a las autoridades y mantienen reservados como historia privada de su ciudad y sus vidas, son reales en varios de los casos ya comprobados. Otras situaciones deberán seguir siendo investigadas y alguna de las sospechas corresponderán, seguramente, a la imaginación colectiva. Ahora «es el turno para que la Justicia se pronuncie». Esa es la opinión que, de momento, gran parte de los entrevistados comparte. *

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