Impotencia ciudadana
MARIANA RABINOVICH, SAN JOSÃ
El magistrado actuante dispuso, sin llamar a los acusados a declarar a su despacho, la libertad de ambos. No habían transcurrido tres horas cuando la señora volvió a ver a los individuos «sueltos, caminando tranquilamente por la calle». Ahora pasan frente a su trabajo mirándola «con cara de asesinos».
En el centro de la capital de San José, sobre las 12.05 del mediodía, una señora evitó que dos individuos le robaran su moto corriéndolos tres cuadras y golpeándolos con la única «arma» con que contaba: su cartera.
Atrapados los dos delincuentes con la ayuda de un policía, fueron plenamente identificados y el caso comunicado a la Justicia. Esa misma tarde –según aseguraron fuentes policiales– el magistrado sin citarlos entendió que debía dejarlos en libertad y la mujer volvió a encontrarlos, juntos, en la calle. Ellos la reconocieron a su vez y desde entonces pasan frente a su trabajo «mirándome con caras de asesinos», relató indignada a LA REPUBLICA Sara Lagos, protagonista de esta historia.
El relato
«Yo dejé la moto parada frente a mi trabajo para entregar un dinero. Fueron unos minutos solamente. Cuando salgo, veo que dos hombres se suben a mi moto y me la tironean para llevársela. Entonces, lo único que yo tenía para defenderme era la cartera y los corrí tres cuadras. Ahí encontré un policía y le grité que me ayudara a agarrar a los ladrones. El me ayudó y me dijo que los cuide mientras llamaba a un móvil; yo me quedé parada cuidándolos con la cartera amagándoles con darle. Así los mantuve ahí, tirados en el piso (…) Los paré sola a carterazo limpio y diciéndoles que los iba a matar (…)», recordó Sara.
«Después, cuando vimos que el móvil no venía, el policía se quedó vigilándolos y yo me fui caminando hasta la Jefatura a buscar ayuda. Pero lo lindo del caso es que los llevaron a Jefatura y yo les espere allí para hacerles frente. Uno de ellos, cuando me vio, se dio la cabeza contra la pared. Se partió la cabeza. Ya eran más de la una de la tarde. Pero a eso de las cuatro, cuando retomo el trabajo, veo a los delincuentes sueltos. ¿Entonces en qué quedamos? Ya habían sido puestos en libertad, y después dicen que la policía no hace nada».
La impotente mujer afirmó que «jamás me llamaron al Juzgado, aunque en la Jefatura hice una denuncia escrita con todo lo que viví en esos momentos. A mí, el señor juez jamás me llamó. Al otro día, veo que los dos ladrones pasan de nuevo por mi trabajo mirando para adentro, varias veces, para arriba y para abajo. Ahí yo estaba armada con un garrote. Los denunciaron de nuevo y la Policía los vuelve a llevar. Al rato estaban sueltos una vez más. Yo los volví a ver. Y ahí andan ahora. Yo los veo. Tengan la plena seguridad de que no les tengo miedo, pero esto es increíble y por eso decidí declarar a la prensa, para que quede bien claro que no es la Policía la que tiene la culpa».
En este sentido aseveró que «esto es una burla de la Justicia. Yo me siento herida. Los ladrones te quieren llevar lo que vos tenés, vos llamás a la Policía, la Policía te ayuda y después el juez los suelta. Entonces qué, a la Policía que es la que actúa, ¿la tienen de carne de cañón?».
La Policía valida la historia
El relato de la víctima fue absolutamente confirmado por la información policial brindada a LA REPUBLICA. Las fuentes oficiales aseguraron la veracidad de la historia, en base, entre otros datos, al testimonio del propio policía que asistió a la mujer en primer lugar y fue testigo de gran parte de la trama.
Ambos acusados cuentan con antecedentes penales. Uno de ellos, de 21 años, tiene cuatro procesamientos por hurto y tentativas de hurto.
El otro, de 20 años, tiene dos antecedentes penales por «tentativa de hurto» y «daños en reiteración real». También es cierto que uno de los hombres se «dio la cabeza contra la pared» en las instalaciones policiales, «al ver a la mujer totalmente dispuesta a acusarlos».
El juez «no los llamó a declarar, ni a la mujer tampoco», puntualizaron las fuentes policiales. *
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