El asesino del repartidor, además, salió de compras con el sangriento botín

Con la plata del crimen pagó las cuentas de la casa

Tras conocerse el deceso del repartidor de lácteos, Sergio Ismael Velentín Izquierdo, oriental, de 32 años, en la tarde del pasado miércoles, las autoridades de la División Homicidios decidieron volcar todos sus funcionarios a la calle para aclarar el caso. Sabían que si no sucedía en menos de 48 horas después sería muy difícil.

El trabajador había sido sorprendido por un joven delincuente en el cruce de Emilio Romero y Carlos Tellier (La Teja) cuando se disponía a realizar una entrega, junto a su compañero. Todo ocurrió en breves instantes. El desconocido les mostró un arma de fuego y los amenazó de muerte para que le entregaran el dinero.

Las víctimas no opusieron resistencia y de esta forma el maleante se hizo de unos cuatro mil pesos. Las fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA dijeron que Eduardo Sebastián Fernández Márquez, de 18 años, alegó que se asustó y que por eso disparó contra Velentín. Pero el compañero del infortunado sostuvo que el tiro fue a quemarropa; a sangre fría. Consumado el ataque, el delincuente subió a la bicicleta con la que había llegado y fugó.

Pesquisas

Las actuaciones fueron asumidas en un principio por la Seccional 19ª que efectuó las primeras indagaciones. Pero ante la ausencia de indicios firmes que orientaran el trabajo, el caso fue asumido por la División Homicidios de la Dirección de Investigaciones.

Fuentes cercanas a la investigación señalaron a LA REPUBLICA que los oficiales de esta unidad conformaron equipos de tareas a los efectos de realizar un trabajo profundo y rápido de recolección de información en distintos puntos de la ciudad. Si bien el hecho de que el individuo anduviera en bicicleta hacía presumir que sería de la zona, no se descartaba que hubiera llegado a La Teja sólo para delinquir.

Finalmente se comprobó que había un poco de cada cosa. La estrategia planteada por el comando dio frutos rápidamente cuando los efectivos que trabajaban en La Teja obtuvieron el dato de que un joven había sido visto ingresar a un domicilio de manera rápida, como si huyera de algo: además andaba en bicicleta.

El domicilio fue identificado y se había planificado que fuera allanado en la mañana de ayer. Pero casi de manera simultánea otro equipo que se había concentrado en Boiso Lanza recabó otro dato clave: que un joven residente en esta zona capitalina habitualmente iba a La Teja para consumar atracos.

Este indicio fue explotado más a fondo y se logró identificar al sospechoso, siendo detenido en la casa de su madre el jueves de noche, tal como se anticipara en la pasada edición.

La confesión

Tardó poco en confesar la autoría del crimen tras llegar a la dependencia. Intentó aplacar su culpa diciendo que se asustó y el tiro se le escapó. Finalmente se supo que las informaciones recabadas por los funcionarios de Homicidios en distintos puntos de Montevideo eran acertadas ambas.

Fernández Márquez, con un antecedente por hurto y anotaciones por rapiña de menor, vive en la zona donde fue apresado, pero tiene una novia de 16 años en La Teja. A la casa de ella lo vieron llegar de manera apresurada tras cometer el crimen. El joven siempre dejaba la bicicleta en el domicilio de la suegra.

Antes de ser capturado el asesino tuvo tiempo para darse muchos gustos con la plata que le robó al repartidor. Pagó las cuentas pendientes de la casa (servicios), le prestó mil pesos a otra persona, compró marihuana y salió «de shopping» con su novia.

Los funcionarios recuperaron la bicicleta e incautaron un arma, que se comprobó no era la empleada en el crimen. Fernández dijo que la tiró al Pantanoso, pero Bomberos no la halló. La Policía cree que está ocultando la verdad en este punto. Tanto el compañero de la víctima, como otros testigos, lo reconocieron como el homicida. Se da por descontado que hoy será procesado por homicidio especialmente agravado y por reiterados delitos de rapiña. Es que el joven agregó a su confesión otros dos atracos en La Teja valiéndose de un arma y la bicicleta. *

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