Aquejado por grave enfermedad, intentó terminar con la vida de ambos

Asesinó a su mujer y no pudo matarse

Brasilio Gianonni Bonachi, oriental, casado, de 72 años, había tomado una decisión drástica. Y después de elaborar la forma en la que la llevaría a cabo la puso en práctica. Pero el destino hizo que su plan fallara y que solamente su esposa, Josefina Núñez Araujo, oriental, casada de 59 años, dejara de existir.

El barrio de Sayago amaneció ayer conmocionado por una serie de detonaciones. Provenían de la finca sita en 3 de Febrero 4390, en la cual residía el matrimonio. Tras los disparos hubo silencio en el lugar, pero los vecinos llamaron de inmediato a la Policía. Sobre las nueve de la mañana arribaron al lugar funcionarios de la Seccional 8ª.

Los efectivos hallaron los primeros signos de la tragedia cuando vieron que en el exterior de la vivienda había rastros de sangre que llegaban hasta la puerta principal. Los actuantes intentaron franquearse el paso a la vivienda, pero la puerta estaba cerrada. Entonces observaron a través de una ventana y vieron el cuerpo de un hombre mayor tirado en el piso, con su rostro bañado en sangre.

Acto seguido, los uniformados derribaron la puerta del lugar y al ingresar se encontraron con un segundo cuerpo, en este caso de la mujer. De manera inmediata ambas personas fueron trasladadas al Sanatorio de Casa de Galicia, donde los médicos certificaron que Josefina Núñez Araujo había muerto por «herida de arma de fuego en región lateral derecha de cuello. Sugiere herida por perdigonada».

Su marido aún estaba con vida. Dado el tamaño del arma que empleó (escopeta calibre 12), la tensión que tenía a la hora de ejecutar su plan, y sus escasas fuerzas, la lesión que se causó no fue mortal. Presentaba «una herida submentoneana». Incluso pudo ser indagado por los policías, a quienes les dijo que había matado a la mujer y luego intentado acabar con su vida porque padece cáncer laríngeo y está traqueotomizado.

En la escena del hecho fue incautada el arma empleada en el crimen, dos cartuchos detonados y uno en el dormitorio. La casa mostraba sangre en el comedor, la cocina y el baño. Los policías tuvieron que cerrar las llaves de la cocina que Giannoni había dejado abiertas, y abrir las ventanas por la fuerte concentración de gas. *

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