
San José
La terrible historia data del 9 de mayo de 1995, cuando personal de la Seccional 10ª del departamento ingresó, tras recibir una denuncia, al domicilio de la señora Beatriz Acuña Hernández, de 84 años, encontrándola muerta. La denuncia, que inició la extremadamente extensa investigación policial, partió del “lechero” de la zona, hombre que todas las mañanas acostumbraba llevarle a la señora una botella de leche para dejársela en la puerta y al otro dÃa cambiar nuevamente una llena por la vacÃa del dÃa anterior.
Sin embargo, esa mañana, el “lechero” se encontró con que la botella dejada 24 horas antes permanecÃa intacta. Extrañado por el hecho y teniendo en cuenta la edad de la mujer, decidió comunicar lo ocurrido a la PolicÃa de la zona. Los efectivos, acompañados por el juez letrado del momento y el médico forense, confirmaron que Beatriz Acuña vivÃa sola, pero no pudieron determinar claramente las causas de su muerte.
Según la información oficial recibida por LA REPUBLICA, “luego de una paciente investigación, la Delegación de la Dirección de Investigaciones de Playa Pascual logró pistas firmes por las que se establece que se habrÃa tratado de un hecho delictivo que derivó en la muerte de la anciana”. Basándose en dichas pistas –que no fueron precisadas por las fuentes consultadas–, se profundizaron las indagaciones “hasta identificar a uno de los involucrados que se encuentra actualmente purgando condena en el Complejo Carcelario de Santiago Vázquez”, imputado por un delito de rapiña.
Entonces se procedió a trasladar al delincuente hasta el local de la Seccional 10ª para someterle a un “minucioso interrogatorio”. El recluso no pudo mantener su inocencia debido a un “cúmulo de elementos que lo incriminaban” directamente y optó por confesar ser autor del espantoso asesinato, brindando detalles precisos de cómo lo habÃa cometido, y señalando que un hermano suyo lo habÃa acompañado a la casa de la vÃctima.
De acuerdo con las declaraciones del individuo, las intenciones de ambos hombres –que conocÃan el hecho de que la señora vivÃa sola y por tanto serÃa “una vÃctima fácil”– se “limitaban” a poder robarle. Asà ingresaron en horas de la noche por una ventana que daba al dormitorio de la mujer. Ya dentro de la casa, la vÃctima los sorprendió “in franganti” y entonces “para que no gritara”, uno de los delincuentes “la tomó y le tapó la boca”. La vÃctima quedó inmediatamente inerte y los hombres optaron por huir.
El pacto entre hermanos de crimen, largamente mantenido, se descubrió definitivamente cuando interrogado el que aún se encontraba en libertad confirmó los dichos del reo.
La Justicia determinó finalmente el procesamiento y prisión de Yamandú Gualberto Acosta Moreira (el que ya se encontraba recluido por rapiña), bajo un nuevo cargo de “homicidio como autor”. Su hermano, José Leonardo Acosta Moreira (también poseedor de antecedentes penales), resultó imputado de “homicidio como cómplice”.
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