Buscan a su hijo hace meses
Durazno
Toribio Godoy, de 41 años y retirado militar, y Ruth Gallo, de 35, padres de 7 hijos entre 18 años y 11 meses, no encuentran explicación que justifique los motivos que tuvo su hijo mayor, Raúl Ernesto Godoy Gallo, para irse de la casa en barrio Sanducito.
El muchacho, que solía ganarse unos pesitos haciendo changas en el barrio, se marchó sin avisar al caer la tarde del viernes 12 de enero. Sólo le comentó a un vecino, con el que tenía cierta confianza que «como en Durazno no tenía trabajo estable pensaba irse a las granjas de Canelones».
«Mi hijo padece un leve retardo mental, por lo que venía siendo tratado por la doctora Anyul, y acudía al taller de rehabilitación del doctor Romero, en San Martín y 18 de Julio, donde solía elaborar muchas cosas. No terminó la Escuela 81, pero era un chico normal, pese a sus dificultades de aprendizaje», dijo a LA REPUBLICA Ruth Gallo, la acongojada madre.
Por su parte, su padre Toribio, expresó que su hijo «no tenía motivos para irse. En casa estaba todo bien y muchas veces, cuando mi señora tenía algún chico internado y yo trabajaba, él se quedaba a cargo de la casa, al cuidado de los niños, e incluso preparaba la comida». Raúl no tenía muchos amigos, pero solía visitar a un enfermero de Psiquiatría conocido (Juan).
Temores
El padre efectuó la denuncia policial el 13 de enero, luego de verificar que no estuviese en casa de familiares, se hubiera accidentado o estuviera detenido por alguna causa. Según dijo, lo único que pudo saber fue que «habían encontrado la bicicleta abandonada cerca del zoológico».
Al ver que pasaban los meses y no había novedades hablaron con el subjefe de Policía para que «la cosa se moviera». Ruth Gallo recordó que «sólo se llevó un termo, una matera de cuero, y la cédula de identidad, pero ninguna prenda».
El mayor temor de la familia es que, teniendo en cuenta su discapacidad intelectual, haya caído en malas manos, o esté siendo explotado.
«Hemos averiguado con nuestros familiares en Montevideo donde vive mi madre, y nadie sabe nada de él», explicó la mujer. «Sólo queremos que nos diga dónde está; no pensamos en tomar represalias, es nuestro hijo», exclamó.
Otra preocupación del matrimonio es el grado de epilepsia que el joven desaparecido sufre y que requiere de medicación. Los preocupados progenitores denunciaron que en la desesperación fueron a los canales de TV de Montevideo para divulgar la foto del hijo, y por «el llamado a la solidaridad nos quisieron cobrar $350″.
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