
En los próximos dÃas estarán listos los exámenes que funcionarios de la Dirección Nacional de PolicÃa Técnica realizan sobre un pantalón manchado con sangre hallado en la finca del “cómplice”. Se trata de Hernán MatÃas Silva Stoppielo, de 23 años, con varios antecedentes por hurtos violentos. La Justicia dispuso el pasado lunes su ingreso a la cárcel acusado de “un delito de hurto especialmente agravado en reiteración real, con un delito de homicidio en calidad de cómplice”.
La última de las tipificaciones corresponde al crimen del repartidor de La Pasiva de Luis Alberto de Herrera y Rivera, Willian Suárez, de 27 años, quien el miércoles 25 de abril se dirigió a entregar un pedido en el cruce de Magariños Cervantes y Demóstenes, zona del Buceo. Eran aproximadamente las 20 y 45 cuando llegó al lugar indicado por el cliente, que terminó siendo un rapiñero.
Suárez fue amenazado con un arma de fuego para que entregara la moto, pero el joven se resistió y defendió su herramienta de trabajo. Dos tiros fueron la respuesta del delincuente, que huyó del lugar sin llevarse absolutamente nada. Personal de la Seccional 9ª concurrió a la escena del crimen y comenzó a realizar una serie de indagaciones, que no prosperaron en virtud de la falta de testigos y elementos que orientasen las pesquisas.
En las últimas horas del jueves comenzó a intervenir en el caso personal de la División Homicidios, cuyas autoridades conformaron un grupo especial de trabajo. Los funcionarios que lo integraron se dedicaron de manera exclusiva a aclarar el hecho, y si bien en un principio las pesquisas no avanzaban, surgió una pista que a la postre resultó clave.
Las fuentes policiales consultadas por LA REPUBLICA indicaron que se logró establecer que Suárez salió de La Pasiva a realizar una entrega solicitada mediante un teléfono celular. Con la colaboración de las autoridades de Antel, los investigadores lograron llegar al número del aparato, y posteriormente determinaron que estaba denunciado como hurtado.
Tal como se anticipara en la edición del pasado lunes, sobre las 15 y 45 del miércoles 25 de abril (cinco horas antes del crimen) dos motonetistas rompieron el vidrio de un auto en Avenida Italia y Comercio, hurtando una cartera que en su interior tenÃa el mencionado teléfono.
El viernes los funcionarios de Homicidios lograron tener esta información y en base a ella comenzaron a trabajar en la calle, focalizando las tareas en las inmediaciones del crimen. Se presumÃa que el autor del hecho tenÃa que ser de la zona, en virtud del lugar elegido para intentar la rapiña, como asà también por el restaurante al cual optó por llamar.
En este contexto llegó a oÃdos del personal actuante que una joven pareja domiciliada en las inmediaciones al lugar del crimen querÃa vender un teléfono celular. El sábado los funcionarios realizaron los primeros operativos, lográndose la captura del joven OFZS de 18 años y su novia CASM de 19. En un primer momento ambos dijeron no tener nada que ver, pero al serles expuestos los elementos reunidos confesaron haber intentado “colocar” un celular, y que habitualmente se dedicaban a vender efectos hurtados.
En primer término dijeron que recibÃan los objetos de personas que no conocÃan, pero cuando se les hizo saber que el celular estaba “implicado” en un homicidio –lo cual complicarÃa su situación penal– optaron por indicar que Silva Stoppielo (primo del joven), habÃa sido la persona que les dijo que tenÃa un aparato para vender.
Ese mismo sábado fue allanado el domicilio del imputado, donde se logró su captura y se incautaron varios elementos, entre ellos un pantalón manchado con sangre, presuntamente del infortunado repartidor. Pero el celular y el arma no aparecÃan y el detenido negó todo tipo de relación con los hechos. Posteriores pesquisas motivaron que el principal sospechoso del crimen reconociera haber hurtado el teléfono celular, aunque se mantuvo en la negativa acerca del crimen.
“Yo no lo maté”, dijo el joven, según lo explicado a LA REPUBLICA por las fuentes consultadas, lo cual implÃcitamente dio la pauta de que estaba al tanto del crimen. Tanto en la División Homicidios como en el Juzgado el individuo dijo que no iba a revelar el nombre del asesino, por lo cual ante los elementos a la vista el magistrado decidió procesarlo bajo los cargos ya reseñados.
Pero los investigadores tienen la firme presunción de que el cómplice es en realidad el homicida. Y procuran la captura del individuo que lo acompañó en el hurto del celular para aclarar este extremo. El lunes de noche el personal actuante ubicó el celular “clave” en Magariños Cervantes y Miguel MartÃnez, entre unos pastizales que bordean la Facultad de Veterinaria. A escasos 60 metros de donde el joven Suárez cayó muerto y a más de 10 cuadras de la vivienda de Stoppielo.
El teléfono fue arrojado poco tiempo después del crimen e intentó ponerlo a la venta al enterarse que la PolicÃa estaba tras esa pista. Antes que eso el “cómplice homicida” realizó una llamada a las 20 y 59 del 25 de abril, 14 minutos después de consumado el asesinato.
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