Asaltantes se tirotearon con policías, uno se atrincheró en un banco y mantuvo por 5 horas a 30 rehenes
«Todas las personas que estaban en el Banco de la Nación que está en la ciudad de Pilar, 50 kilómetros al norte de Buenos Aires se encuentran sanas y salvas y la situación está bajo control», dijo el ministro de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Ricardo Casal, a los numerosos periodistas que se habían reunido en el lugar.
El jerarca agregó que «la entrega fue sin violencia y luego de ver a su familia, pacíficamente ha sido llevado a la Fiscalía para tomar su declaración. No pidió nada a cambio de su entrega, fue un trabajo de paciencia y convencimiento para que desistiera de su actitud».
Especialistas del Grupo Halcón de la Policía Federal argentina encabezaron las negociaciones con el asaltante identificado como Josué Rodríguez Coronel, de 20 años, alias «El Cheto» o «El Chileno», quien tenía pedido de captura por robo, según informaron fuentes judiciales a la AFP.
Además del muchacho, la Policía detuvo en las inmediaciones del banco a otros dos supuestos integrantes de la banda que habían escapado.
Empezó mal, pero terminó bien
Todo comenzó alrededor de las 12.30 horas cuando una banda integrada por 3 asaltantes «bien vestidos» intentó robar el banco que está a unos 30 metros de la comisaría 1ª de Pilar.
Llegaron en un auto Peugeot 206 negro, se bajaron e irrumpieron en la entidad a punta de pistola, pero debido a la proximidad con la dependencia policial, los uniformados llegaron rápidamente y se tirotearon con ellos, logrando huir un par, pero no «El Cheto». No hubo heridos. Instantes después, el delincuente tomó contacto con los medios y reconoció haber disparado «sólo dos tiros al aire». Pidió que se presentaran en el lugar «las cámaras de televisión» y aseguró que los rehenes «están todos bien». «Yo no maltraté a nadie, disparé dos veces, no más», afirmó. Además advirtió que tenía en su poder «una bomba» que detonaría si no atendían sus reclamos y manifestó: «Quiero que manden a un juez para que nadie diga giladas».
Por su parte, uno de los rehenes pidió que las cámaras llegaran «lo antes posible».
El primer ámbito de negociación se dio cuando dejó salir a las mujeres embarazadas y a los jubilados, y luego a cinco rehenes más, por lo que le enviaron comida y bebida.
Después llegó al lugar el juez, con quien dialogó. Minutos más tarde le trajeron a su mujer e hijo, y tras una corta conversación con esta, se entregó.
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