Policía grave tras balearse en la cabeza en una escuela
Un efectivo policial de 28 años, perteneciente al Plantel de Perros, se debate entre la vida y la muerte tras recibir un disparo de arma de fuego en la cabeza, en un confuso episodio ocurrido en una escuela de Piedras Blancas donde el agente estaba cumpliendo con el servicio 222.
En un primer momento se pensó que podría tratarse de un ataque, quizá cuando el funcionario descubrió a algún delincuente con fines de robo, pero con el correr de las pesquisas eso quedó descartado y ahora se manejan dos hipótesis: la primera es que se haya tratado de un intento de autoeliminación y la otra, que haya sido un accidente cuando manipulaba el arma.
Este extraño episodio tuvo lugar ayer de mañana en la Escuela Nº 335, ubicada en la esquina de Capitán Tula y Mendoza.
Allí, de un tiempo a esta parte realizaba el servicio 222 el agente Federico Oliva, quien a primeras de la mañana fue encontrado por empleadas del centro de estudios en uno de los salones, tendido en un colchón y con una herida en la cabeza.
De inmediato se pidió ayuda y mientras la misma arribaba al lugar iban llegando otras funcionarias y docentes, generándose momentos de conmoción, al punto que una mujer se descompuso y debió ser asistida.
A todo esto el agente era trasladado de urgencia al Hospital Policial, donde fue ingresado al CTI y al caer la tarde era sometido quirúrgicamente, siendo su estado sumamente grave.
Vale decir que en un primer momento se pensó que podría haberse tratado de un ataque, pero luego cuando se halló el arma del funcionario a un costado del colchón donde descansaba, muy próximo a la cabeza, y al constatarse que no faltaban elementos ni había rastros de lucha, se comenzó a barajar la hipótesis de un intento de autoeliminación o de un accidente por manipulación del arma de reglamento, un revólver calibre 38.
Justamente por este motivo es que serán determinantes las pericias de Policía Técnica para determinar si el proyectil que le ingresó por el parietal derecho salió del arma de reglamento y del médico forense para establecer si en la herida de ingreso hay «tatuajes» de pólvora, lo que daría la pauta de la proximidad del disparo.
En la escuela se decidió cancelar las clases por el ambiente que había en el lugar y también para que se pudiera realizar un relevamiento de la escena de los hechos con total normalidad.
Mientras el funcionario es asistido para tratar de salvarle la vida, se trabaja con sus allegados para determinar si existía algún tipo de indicio de que podría haber llevado a cabo un intento de autoeliminación o si efectivamente se trató de un accidente al manipular el arma.
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