Red de contrabando de whisky a gran escala a Brasil

Como informara LA REPUBLICA, tanto Almeyda como Da Silva que se encargaban de la «vigilancia» de la mercadería, hasta que decidieron que debían aumentar sus ingresos y comenzaron a chantajear al empresario Joaquín Curi, la cara visible del grupo en Rivera.

Cuando este puso fin a la extorsión, los dos uniformados comenzaron a «mejicanear» la mercadería, aguardando el paso de los camiones a varios kilómetros de la frontera, procediendo a detenerlos y a robar parte de lo que transportaban, lo que posteriormente vendían.

Esto fue su sentencia de muerte. El que era considerado como el «cabecilla» de la organización, identificado como José Antonio Martins, ordenó la ejecución de los dos policías.

Para el doble homicidio se utilizó un galpón ubicado en la calle Uruguay, al cual se condujo bajo engaño tanto a Almeyda como a Da Silva, a los que se ejecutó fríamente para luego enterrar sus cuerpos cubiertos por cal viva en un campo ubicado en la ruta al Aeropuerto.

En la época se envió a la cárcel a Rafael Bengoechea, gerente del cambio que manejaba el dinero de la operativa y a su hermano Fabián Bengoechea empleado de Curi por «un delito de encubrimiento» y a Walter Pintos, considerado el hombre de confianza del empresario, y a Joaquín Curi por «coautoría de homicidio especialmente agravado en reiteración real».

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