Cada mes ingresan a las cárceles 100 nuevos presos; el 47 por ciento tiene entre 18 y 29 años

Realizan censo para establecer el grado de peligrosidad de los reclusos

En entrevista con LA REPUBLICA, el jerarca ministerial abarcó todos los temas que hacen al quehacer carcelario y reconoció que, a pesar de los emprendimientos que se proyectan (reparación de tres pisos de Libertad, nueva cárcel para 600 presos y habilitación del ex Hospital Musto para un programa piloto de reinserción), la capacidad locativa sigue siendo escasa para una población reclusa que va en aumento.

En este sentido manifestó su preocupación por el hecho de que el 47 por ciento, de los más de cuatro mil presos que hay en Uruguay, tienen entre 18 y 29 años. A un ritmo de 100 procesados con prisión por mes, a final de 2001 la población reclusa llegaría a las cinco mil personas y, sumando los «cupos» que los tres emprendimientos en marcha abrirán, serán unos mil nuevos espacios.

En base a esto Borrelli expresó la necesidad de impulsar la creación de una cárcel regional, iniciativa que ya había sido planteada el año pasado, pero que se encuentra estancada por «razones presupuestarias». El entrevistado hizo especial hincapié en el nuevo concepto de rehabilitación que el ministerio promueve, para lo cual se reformulará el funcionamiento del Instituto Nacional de Criminología: «Como dijo el ministro, en 100 años es la primera experiencia seria de rehabilitación».

Nueva cárcel

–El Poder Ejecutivo aprobó recientemente la realización de la cárcel de máxima seguridad. ¿Cómo sigue ahora este proceso?

–Efectivamente, en el acuerdo con el Presidente, el martes 3 de abril se dio luz verde a que los pliegos de condiciones para la licitación de la cárcel de máxima seguridad ya se den a conocer por intermedio de Internet y así darle cristanilidad total. Pensamos que este proceso llevará entre cuatro y cinco meses para empezar la construcción, la que a su vez insumirá entre 18 y 24 meses. Será una cárcel de máxima seguridad para 600 reclusos, en la cual habrá muchos elementos de seguridad para que éstos no se fuguen, pero también muchos espacios en el interior de la cárcel para la rehabilitación de los internos.

–Por ejemplo

–Talleres con actividades prácticas, de educación y recreación, que hoy no se pueden hacer en Comcar y Libertad –especialmente en Libertad donde están los presos más peligrosos– porque no tienen la infraestructura adecuada y por lo tanto se correría el riesgo de que los presos fugasen.

–Cuando se habla de máxima seguridad ¿estamos refiriéndonos a presos realmente peligrosos como única condición para ingresar ahí, o se va a actuar de acuerdo a las circunsatancias y necesidades?

–Se apunta a los presos realmente peligrosos. Aquellos que hayan cometido delitos muy graves y aquellos que son peligrosos para los otros presos y para ellos mismos, por mantener una agresividad muy grande, o que tengan antecedentes de múltiples fugas. Serán celdas individuales y tendran recreos diarios, pero separados en grupos reducidos que no provoquen grandes concentraciones, tratando que no se formen lo que muchas veces se forman en los penales, inevitablemente, como bandos contrarios.

–Como sucedió últimamente en el Penal de Libertad.

–Se forman bandos porque el penal es un reflejo de la sociedad donde ellos vivieron. Tienen rivalidad estando en libertad y luego van al penal y esos enfrentamientos se mantienen. Muchas veces en el penal se acentúan porque al estar todos juntos y con mucho tiempo ocioso se provocan incidentes. Hay hechos que marcan esas diferencias. Por ejemplo cuando se produjo el motín de 1999 había mucha gente que estaba junta y ahora está separada por distintos problemas. El tipo de penal que se quiere hacer es también para evitar esas situaciones.

–De lo que usted dice se desprende que se piensa en algo más estructurado y organizado que lo que hoy existe.

–Algo que se ajuste a las normas internacionales sobre penitenciarías, que es la separación de acuerdo a la peligrosidad, pero también abarcando los aspectos de la rehabilitación.

–Asusta un poco el decir que hay 600 presos de máxima seguridad para llenar esa cárcel.

–Yo pienso que tal vez hoy por hoy haya en la población carcelaria menos de esa cantidad de presos peligrosos. Pero evidentemente tenemos que tenerlos contenidos, porque la mayoría de los presos quieren vivir tranquilos en la cárcel. Yo personalmente he constatado a través de tantos años en contacto con los presos, que la mayoría quiere cumplir su pena y reintegrarse a la sociedad. Después tendrá problemas en la sociedad, o no, delinquirá o no.

Pero siempre hay un porcentaje de inadaptados, que lo son afuera y se vuelven más inadaptados al estar encerrados. Por eso digo que tal vez no haya 600 presos de máxima seguridad, pero, para eso, es el penal donde se podrán dividir los verdaderamente peligrosos de aquellos que son peligrosos, pero tranquilos en la vida interna.

–También hay una realidad y es que los delitos son cada ves más violentos, más agresivos, lo cual lleva una mayor peligrosidad para la gente. Eso también es peligrosidad en los parámetros carcelarios.

–Son distintos conceptos. Una es la peligrosidad carcelaria con gente que entra por cometer una rapiña muy violenta o una serie de homicidios y sin embargo en la cárcel es totalmente tranquila y no presenta peligrosidad para otros presos. Esa violencia cuenta para el expediente y la graduación de la pena que hacen fiscal y juez. Muchas veces se dan casos de presos que no han cometido delitos tan violentos y en la cárcel se vuelven peligrosos. Y hay un porcentaje que sí mantiene la peligrosidad: delitos violentos afuera y siguen siendo violentos en prisión. Lo que sí llama la atención en los últimos años es la gran violencia en los delitos; las rapiñas se consuman en forma cada vez más agresiva, y los delincuentes son cada vez más jóvenes. Nos alarma que el 47 por ciento de los presos tenga menos de 29 años, además en esa edad son mucho más violentos que en edades maduras.

El lugar

–Si estamos hablando de cinco o seis meses para iniciar las obras de la cárcel de máxima seguridad, ¿se puede decir que antes de fin de año se empezará a construir?

–Tenemos esperanzas de que así sea. Que el proceso licitatorio transcurra rápido y otorgando todas las garantías que la ley establece, para que podamos a fin de año, o a más tardar en enero de 2001, empezar la construcción.

–Desde un primer momento, e incluso técnicos del misnisterio recorrieron el lugar, se habló de que el nuevo establecimiento estaría emplazado en un predio cercano al Penal de Libertad. ¿Ese tema ya está totalmente definido?

–No se descarta, por ejemplo, que la cárcel pueda estar en otro lugar que no sea Libertad y sea un lugar accesible a las visitas, pero apartado. Tal vez cerca de algún pueblo del Interior que, como tantos, han ido haciendo una migración hacia la ciudad y han ido quedando prácticamente con muy poca gente. Tal vez con un establecimiento carcelario de estas características cerca se pueda revitalizar algún pueblo. Por lo menos dar una mano a algún departamento, lo cual aún no está definido para nada. Lo más fácil obviamente sería construirlo en Libertad porque ahí tenemos terrenos, pero también tenemos terrenos en todo el país.

–¿Esta posibilidad que se abre de trasladar la construcción a otro departamento reemplazaría al proyecto iniciado el año pasado de edificar una cárcel regional para los departamentos del norte?

–Ese es un proyecto aparte que está un poco detenido por razones presupuestarias, pero que en algún momento se tendrá que consolidar.
Se tendrá que consolidar porque las cárceles del Interior están excedidas de presos y son muy pequeñas. Por ejemplo, hoy la cárcel de Soriano tiene 120 presos y cuenta con un patio de 8 por 5 metros. Las cárceles de Rivera, Artigas y Tacuarembó están en pleno centro de la ciudad, frente a la plaza, al lado de la Jefatura; son casas grandes más que cárceles.

Si bien en las cárceles del Interior hay otro tipo de presos, menos agresivos y peligrosos, de todas maneras esta situación los va a convertir inevitablemente en agresivos y peligrosos. Además, el hecho de que nosotros contruyamos recién dentro de dos años y medio un penal para 600 presos, y que dentro de cinco meses podamos arreglar los tres pisos del Penal de Libertad y llevar allí 400 presos del Comcar, aun así estamos sobrepasados en población carcelaria.

–¿Cuántos presos hay en Uruguay?

–Hay un promedio de 100 presos por mes (se llevan más, pero entre los que salen y los que entran la población aumenta 100 presos por mes). Fíjese que el Comcar fue hecho para 850 personas y hoy tiene 2.000, casi 2.100 –en un contexto que marca que toda la población reclusa ha superado largamente los 4.000 mil en todo el país– y la Cárcel de Canelones también está sobrepasada. Por lo tanto tenemos que estar atentos y muy preocupados porque dentro de dos años y medio vamos a sacar 600 presos de Libertad, pero no vamos a solucionar del todo el problema. Por eso la cárcel en el norte, o en otro lugar que se construya, va a ser necesario, porque ya lo es, y una cárcel no se construye de un día para el otro.

La rehabilitación

–Existe también un proyecto de habilitar el ex Hospital Musto como centro de recuperación

–En el ex Hospital Musto se desarrollará la experiencia del Centro Nacional de Recuperación que para mí es fundamental. Porque si bien va a permitir llevar 50 presos por año (300 en total), de menos peligrosidad y menor de 29 años, ya van a estar en un sistema que tengan salidas transitorias con un régimen de mínima seguridad y en un camino de transición hacia la libertad definitiva.

Esa experiencia que el BID se ha avenido a financiar creo que es fundamental y creo que no podemos defraudar. Como dijo el ministro, en 100 años es la primera experiencia seria de rehabilitación.

–Este tema es el que más se cuestiona cuando se dice que el sistema carcelario uruguayo no rehabilita. ¿Cómo se piensa emprender este camino?

–Yo creo que el Ministerio se hace un flaco favor si sigue teniendo el sistema de cárceles que tenemos ahora, porque cada vez vamos a tener más trabajo; porque si nosotros perfeccionamos a los delincuentes y le damos una escuela de delincuencia cuando pasa por la cárcel, cuando sale está perfeccionado en el delito y está más violento o adscripto a alguna superbanda. Estamos poniendo todo lo nuestro para que esas críticas que llegan a nivel internacional (al igual que para el resto de Latinoamérica) se reviertan.

Una de las formas de rehabilitar es que no haya hacinamiento, porque hay muchas más posibilidades. Otros pasos son tratarlos con técnicos. Nosotros tenemos un Instituto Nacional de Criminología con muchos técnicos muy bien preparados que, a mi criterio, no están bien aprovechados. Estamos estudiando la posibilidad de revitalizar este instituto para que podamos con sus profesionales y los que va a contratar el Programa de Seguridad Ciudadana para el ex Musto, lograr un principio de rehabilitación.

–¿Cómo será la selección de las personas que serán designadas tanto al Penal de Libertad como al ex Musto?

–Estamos abocados ahora a un diagnóstico de la totalidad de la población carcelaria de por lo menos Comcar, Libertad y Canelones (que son en las que hay más presos), para tener un diagnóstico real de la peligrosidad de los internos y las posibilidades de rehabilitación que tienen. Ya tenemos que estar trabajando para el ex Musto que abriríamos a principios del año que viene. Pero ya aprovechamos y hacemos todo un censo carcelario y un estudio para poder, mañana, cuando tengamos pronta esa cárcel para 600 presos peligrosos, ver a quién podemos poner allí.

–La franja etaria socialmente más afectada por el desempleo coincide con la del 47 por ciento de los presos que usted mencionaba. Y si para un joven sin antecedentes y con estudios se torna dificultoso acceder al mercado laboral, más lo es para, por ejemplo, uno de 25 años que sale de la cárcel. ¿Qué se piensa hacer en ese sentido?

–Por ejemplo, en la experiencia del ex Musto, se piensa incentivar laboralmente antes de que egresen los presos que van a estar con salida transitoria. Con todas las dificultades que hay para conseguir empleo, pensamos apoyarlos fuertemente con el propio Instituto de Rehabilitación, insertándolos en algún lugar de trabajo para que salgan no sólo con un tratamiento de reinserción, sino con una salida laboral viable. Pienso que en Uruguay si la gente tiene trabajo y puede elegir entre trabajar y hurtar algo, prefiere el trabajo. Por esto tengo muchas esperanzas en la rehabilitación de estos presos.

–¿Cree que hay una relación entre el delito y la falta de trabajo?

–En el delito común, como el robo para comer o mantener a la familia, puede haber una relación con ello. Pero a lo que yo no le encuentro relación es al aumento tremendo de la violencia en la comisión de los delitos y a la pérdida de valores sustanciales de la sociedad, que llevan a la gente a cometer delitos. Hay mucho de eso que no está ligado a la situación laboral del individuo.

–Ese aumento de la violencia que usted señala puede estar vinculado al aumento en el consumo de drogas.

–Se ha advertido un aumento del consumo de estupefaciente en los delincuentes, aunque muchos de ellos son violentos por una formación. Eso lo tendrán que explicar los psicólogos, porque muchas veces no están drogados y son tremedamente violentos.

Pero sí hemos notado un aumento del consumo no sólo de estupefacientes, sino también del alcohol que lo considero la primera droga. El alcohol es algo que muchas veces introduce a los muchachos en esto y dan el primer escalón hacia la droga.

Sobre esto tiene que tomar conciencia la sociedad toda: de que a los niños y adolescentes hay que inculcarles que hay que tener mucho cuidado con el alcohol.

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