Cárcel al matricida de Sauce
Desde principios de años AFPM había fabricado una rutina especial buscando que las personas de su entorno se aconstumbraran a ésta. El hombre, sólo identificado por sus iniciales AFPM, oriental, divorciado y de 41 años, residente en Flores, había establecido su lugar de permanencia en el Parque Andresito de ese departamento.
Allí tenía anclado un yate en el cual pernoctaba asiduamente, para el día siguiente iniciar sus actividades comerciales.
En la noche del miércoles 14 de marzo esta persona hizo lo mismo y para darle mayor sustancia a su diabólico plan conversó hasta las 22 horas con el cuidador del parque, haciendo hincapié en que iba a dormir en el yate. Y le dejó las llaves de su camioneta al empleado diciéndole que en la mañana las pasaría a buscar.
El equipo de investigadores conformado por el jefe de Policía de Canelones, inspector principal (r) José Luis Pereyra Roldán, pudo constatar que en realidad esa noche a partir de la una de la madrugada el hijo de María Marichal (60) e hijastro de Walter Fernández (61) –gerente de supermercados Disco e integrante de la Lista 11 en la Sociedad Española– no estuvo en el yate.
Plan macabro
Argumentando la urgencia por firmar unos papeles AFPM llamó a un conocido para que lo pasara a buscar sobre la una de la madrugada del jueves 15 por determinado lugar del Parque Andresito. Y le pidió que lo llevara hasta el establecimiento rural en el que vivía su madre, ubicado en la localidad de Sauce, departamento de Canelones. Nadie lo vio entrar y nadie lo vio salir, debido a la hora que era, y al virtual aislamiento en el que se encontraba el paraje. Al menos eso pensó él. El hombre que había concurrido a la casa de su madre con la ya clara idea de matarla, le pidió a su chofer ocasional que lo pasara a buscar en media hora. Ese tiempo le alcanzaría para cometer los crímenes.
Cuando AFPM regresó al Parque Andresito sobre las siete de la mañana del jueves 15 de marzo se presentó ante el cuidador del parque, pretendiendo demostrar que había dormido en el yate. El empleado le dio las llaves y el hombre, con dos muertes a cuestas, se retiró del lugar.
Pero no sería hasta el 20 de ese mes que su mortal accionar quedaría al descubierto, aunque entonces su nombre no aparecía vinculado a los hechos.
Investigación
El día antes indicado un amigo de Fernández se trasladó hasta el establecimiento de éste, preocupado por la falta de noticias. Y cuando se asomó a las ventanas de la finca se encontró con un panorama desolador.
La pareja estaba muerta, aparentemente de varios balazos. El olor a descomposición que emanaban sus cuerpos ya se percibía desde el exterior. Era la segunda persona que se enteraba de lo que había pasado y fue el responsable de dar cuenta a la Policía. Sucesivamente al lugar de los hechos fueron llegando móviles de la Seccional 6ª de Sauce, de la Dirección de Investigaciones y el propio comando jefaturial.
Desde entonces el caso aparecía como complicado de dilucidar. Los cadáveres presentaban ciertas similitudes, lo cual daba la pauta de algo fríamente calculado y ejecutado. El tenía un balazo en la frente y otro en el pecho y estaba sobre la cama conyugal; ella arrodillada en el piso con su cara sobre el colchón y con un balazo en el pecho y otro más en la nuca.
En un primer momento y ante la falta de evidencias se pensó que las razones y los responsables del doble crimen estarían en el ámbito laboral del empresario. Pero con el correr de los días esta premisa comenzó a quedar en un segundo plano, dando paso a la hipótesis de que el asesino tenía que ser del círculo íntimo de las víctimas.
El móvil
A lo largo de las investigaciones fueron surgiendo elementos que sustentaban esta línea de trabajo. AFPM fue demorado e indagado en varias oportunidades por los sabuesos canarios, que incluso se trasladaron en reiteradas ocasiones a Flores.
Sus declaraciones fueron empleadas por los funcionarios para rehacer la historia por él contada, logrando de estas maneras indagar a las personas que ella nombraba y que podían ratificar sus dichos.
Estas instancias y el estudio de la vida privada del infortunado matrimonio y la relación de éste con AFPM, fueron aportando otros elementos que abonaban la tesis del matricidio.
Por ejemplo, que hasta finales del año pasado Marichal apoyaba económicamente a su hijo, actitud que comenzó a cambiar con la llegada de 2001. AFPM tenía serios problemas financieros y si bien no era el único heredero, la parte que le tocaría lo ayudaría a salir de la crisis. Otro elemento aportado por fuentes policiales a LA REPUBLICA era el hecho de que Marichal era muy meticulosa con sus cosas cuando las prestaba.
Así como tenía agendadas las partidas de dinero que le otorgaba a su hijo, también apuntó cuando en febrero le prestó a AFPM su pistola calibre 7.65.
En cambio no figuraba la fecha de devolución. Cuando los pesquisas le preguntaron el sospechoso sobre esto, contestó con evasivas; dijo que ya no la tenía, pero no pudo decir qué había hecho con ella. El calibre del arma que el asesino había usado y que nunca apareció, coincidía con la que Marichal le había dado a su hijo sin saber que ya tenía pensado quitarle la vida con ella.
Cayó la coartada
A veinte días del crimen la Jefatura de Canelones arrestó una vez más al sospechoso y a otras cuatro personas, estas últimas en calidad de indagados. Pero esta vez los funcionarios, aparte de la declaración de testigos que sí lo habían visto en la escena del crimen, elevó a la Justicia una serie de pruebas que a la postre resultaron contundentes.
En la noche del domingo el jefe de Policía convocó a una conferencia de prensa y si bien no aportó detalles dijo que «el caso está policialmente aclarado». Ese mismo día el imputado y los indagados prestaron sus primeras declaraciones ante el juez. Ayer de mañana y hasta el mediodía lo hicieron de nuevo, resolviendo el magistrado el procesamiento.
AFPM fue remitido a la cárcel por «dos delitos de homicidio, uno de ellos especialmente agravado».
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