Homicida adujo amnesia

Ebrio mató a su cuñado

Después de intensa labor, personal de la Comisaría 8ª de Juan Lacaze y de la Dirección Departamental de Investigaciones logró aclarar el homicidio del dueño de un bar de la citada ciudad coloniense. El arma blanca utilizada sigue sin aparecer y el matador para zafar intentó ampararse en su ebriedad.

La Justicia finalmente remitió a prisión a un hombre de 44 años, de iniciales TJBV, que el domingo 21 mató de una cuchillada a Wiltran Alejandro Moreira Iragola, de la misma edad, responsable de un expendio de bebidas.

TJBV fue detenido junto con su hermana, de 46 años, que era la pareja del comerciante y lo ayudaba en la atención de la clientela. La mujer quedó en libertad luego de algunos careos en la sede del Juzgado Letrado de Rosario.

De acuerdo a los datos recogidos por LA REPUBLICA, el homicidio de Moreira Iragola fue el desenlace de «una tremenda discusión en el bar, al parecer por un problema de polleras, que se venía arrastrando desde hacía tiempo» y que involucraría al barista y a su cuñado.

TJBV dijo en la sede judicial que «no se acordaba de nada de lo que había pasado» porque «estaba borracho», sin embargo su argumento se fue derrumbando con el paso de las horas, hasta que reconoció su responsabilidad en lo sucedido.

El cuchillo empleado todavía no ha podido ser localizado, según informó ayer a LA REPUBLICA el jefe de Policía de Colonia, Erode Ruiz.

El domingo 21 el barista y su compañera fueron vistos sentados en la vereda «conversando, como cualquier otro día, por eso era imposible imaginar que después ocurriría lo que ocurrió», comentaron vecinos del barrio.

Esa noche, un parroquiano habitual llegó al bar con ganas de unos tragos, eufórico por el triunfo de su equipo de fútbol favorito, y tamaña fue su sorpresa al encontrar a Moreira Iragola tirado en el piso y junto a él, su pareja y el hermano de ésta.

«Cuando llegaron al lugar los primeros funcionarios policiales de la Seccional 8ª el ahora procesado «pedía perdón», a pesar de que poco después se aferraba a una única frase: «No me acuerdo de nada». Atribuía su sorpresiva desmemoria al alto estado etílico en el que se encontraba. La mujer adujo ante el magistrado que «estaba en el baño» y que cuando volvió al salón principal ya lo peor había sucedido.

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