Las peluqueras del mal paso
Las maniobras se venían dando desde hacía varios meses y tenían como epicentro el mencionado comercio. Además de atender a los clientes diariamente con la eficacia de siempre, las protagonistas de esta historia comenzaron a tramar un plan que por momentos parecía el mejor de todos.
Pero, a medida que el tiempo transcurrió, la verdad salió a la luz y los proyectos que habían armado en base al dinero mal habido comenzó a deshacerse, como los rulos de una permanente mal hecha. Los que sí tuvieron éxito en su trabajo fueron los funcionarios del Departamento de Prevención de Delitos tras recibir la denuncia por parte de una financiera ubicada, también, en la zona céntrica.
Lo que los financistas presentaron ante los investigadores fue un montón de cuotas de préstamos impagas, reuniendo las personas deudoras un montón de coincidencias. Para los experientes funcionarios desentrañar lo que estaba pasando les llevó menos tiempo que un lavado de cabello.
Los datos que recabaron de la deudas les permitieron centralizar las tareas en la mencionada peluquería, ya que todas las morosas figuraban como empleadas del lugar. Al cabo de pocos días se hicieron presentes en el comercio y confirmaron este extremo, dilucidando por completo el enredo generado.
Los policías comprobaron que la dueña del lugar (BSDL, oriental, divorciada de 55 años) era también el cerebro de las estafas. A ella se le había ocurrido la idea, y una a una sus empleadas fueron aceptando tomar parte. BSDL les fabricaba un recibo de sueldo ficticio señalando importes mucho más abultados de los que en realidad percibían.
Con los comprobantes las peluqueras se presentaban alternadamente en la financiera y obtenían préstamos importantes, pero que sus realidades económicas no permitían sustentar. Y entonces dejaron de pagar y dieron origen a la denuncia. Del dinero que recibían debían darle el 50 por ciento a su patrona, eso era lo acordado previamente.
Con las cosas aclaradas y las protagonistas identificadas, la información reunida fue elevada al juez penal de 13er. Turno, quien dispuso el procesamiento de todas ellas. A la dueña del negocio y creadora de la estafa la envió tras las rejas por «reiterados delitos de estafa en concurrencia fuera de la reiteración real con reiterados delitos de falsificación de documento privado y libramiento de cheques sin fondo».
Por su parte, las empleadas, que necesitarán ahora un servicio completo de manos por comerse las uñas mientras esperaban el fallo, evitaron la cárcel, pero no el antecedente. Una de ellas, TAB, oriental, soltera, de 46 años, fue procesada por «un delito de uso de documento privado falso», y las cuatro restantes –identificadas como AKTL, casada de 28 años, RADH, oriental, divorciada, de 33, AYRE, oriental, soltera de 29, MECB, oriental, soltera de 34, por «un delito de estafa en concurrencia fuera de la reiteración con un delito de uso de documento privado falso».
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