Otro remitido en el marco de la operación "Correo Blanco"
Tras este nuevo procesamiento dispuesto por el juez penal de 4º Turno, José Balcaldi, son ocho los remitidos por el delito de violación a los artículos 31 y 57 del Decreto Ley Nº 14.294 en la redacción dada por los artículos 3º y 5º de la Ley Nº 17.016 en las modalidades de «importación, distribución y ofrecimiento en venta de sustancias estupefacientes, agravada especialmente por la participación de una asociación o grupo delictivo organizado». Miguel Gustavo Caffaro Pecar es la persona remitida ayer, luego de ser capturada por los funcionarios de la repartición especializada de la Armada. Caffaro, si bien posee varios antecedentes penales, cobró gran notoriedad a mediados del año pasado cuando la directiva del club tricolor lo denunció y personal de la Seccional 9ª lo detuvo. Esta persona, de 36 años, tenía amenazado al presidente Iocco al que exigía la entrega de entradas para la barra y la utilización de las instalaciones de la institución.
En el grupo, Caffaro tenía la vital tarea de vender la cocaína que la banda «importaba» al país. Se desempeñaba como un empleado más que llegaba a la finca de la calle Larravide 2392 en la Unión (principal centro de ventas) en la mañana y al cabo del día se retiraba luego de guardar la mercancía sobrante y realizar el arqueo de caja.
Pesquisas
Estas conclusiones y la desarticulación total de la organización fueron posible luego de una prolongada y meticulosa investigación. Tan es así que al momento de dar el golpe final, las pruebas reunidas permitieron jornadas rápidas en el Juzgado, tras la detención de 22 personas y la realización de varios allanamientos. Fuentes de la investigación recordaron a LA REPUBLICA que las tareas se iniciaron en julio de 1999 cuando fue detenida en el Puerto de Colonia una ciudadana boliviana que, procedente de Argentina, pretendía ingresar en la modalidad de «adhesión al cuerpo» un bloque de cocaína. En la oportunidad la mujer fue procesada y de las indagaciones a las que fue sometida surgieron informaciones que, con el correr del tiempo, fueron el final de la banda.
Posteriormente otras dos bolivianas (también desde Argentina) fueron apresadas con droga en el paso de frontera del Puento General San Martín en la ciudad de Fray Bentos. Y el 15 y el 17 de febrero de 2000 dos hombres, también bolivianos, fueron sorprendidos en el mismo punto, cada uno con más de un kilo de la droga. La llevaban en el estómago tras ingerirla en cápsulas. Asimismo el 21 de febrero de 2000 en Colonia y el 24 de ese mes en Montevideo dos bolivianos más fueron capturados con droga en el interior del cuerpo.
Coincidencias
A medida que estas personas iban siendo descubiertas y sometidas a interrogatorios fueron surgiendo claras coincidencias que permitieron orientar aún más las pesquisas. Las fuentes dijeron que se pudo establecer que el destino de todos ellos era similar y debían comunicarse al llegar a Montevideo con ciertos números telefónicos y contactarse con determinadas personas.
De esta manera se entró en una segunda etapa de las pesquisas. Y esta fue la más intensa y dificultosa. Los cerebros del grupo estaban muy bien cubiertos y contaban con su propio servicio de vigilancia que entorpecía el trabajo de los funcionarios de la División de Investigaciones y Narcotráfico de la Armada. A pesar de las dificultades se logró identificar al «número uno» del grupo en Uruguay (ya procesado), identificado como Omar Eden Silva Silva, con antecedentes por droga.
La sincronización del grupo llegaba a extremos tales de contar con personas encargadas de arrendar apartamentos con el objetivo de alojar a los correos hasta que éstos expulsaban las cápsulas de cocaína que habían ingerido, un promedio de 100 por cada uno. Las «mulas» o «correos» estaban en Montevideo unas 48 horas antes de regresar a Argentina, y en todos los casos al cabo de un tiempo repetían el riesgoso viaje. Para evitar ser identificados, los narcos cambiaban de apartamentos para recibir las «mulas» cada varios meses. Antes de dar el primer golpe, el 15 de enero en Colonia fue interceptado otro correo, con un kilo de cocaína en su estómago, corroborándose todos los datos reunidos.
Finalmente, los investigadores, munidos de la información y con pruebas concretas como comprobaciones fotográficas de entregas de droga a compradores y la documentación de la llegada de algunos de los correos al último domicilio alquilado para alojarlos (sito en Eduardo Víctor Haedo 2051) se dispusieron a actuar.
En coordinación con el juez actuante y el fiscal correspondiente, el 12 y 13 de febrero se realizaron 16 allanamientos en diversos domicilios, tal como se informara en la oportunidad. El resultado fue la detención de 22 personas entre responsables de la organización, compradores, revendedores y compradores para consumo personal. También se secuestró droga, elementos para su pesaje, estiramiento, fraccionamiento y acondicionamiento para la venta, además de dinero, documentos, agendas, teléfonos celulares y otros objetos.
Volumen de maniobra
Las fuentes explicaron a LA REPUBLICA que mediante el sistema de correos el grupo de narcos especializado en cocaína lograba ingresar a Uruguay al menos 50 kilos al año de la droga, teniendo en cuenta la frecuencia de los viajes. Pero también la banda se abastecería de otros grupos locales con su vías de ingreso propias, que también se surtirían desde Argentina, por lo cual la capacidad de comercialización sería aún más importante.
Por cada kilo de cocaína ya estirado con otros productos (tales como glucosa) la organización podría recibir al menos 30 mil dólares, por lo cual al año el grupo recaudaba fácilmente un millón y medio de dólares sólo por la vía del correo.
Quedó comprobado, tras la minuciosa investigación, que la droga era enviada desde Boliva a Argentina y desde allí a Montevideo. Si bien el fuerte de la organización era la capital, también se detectó su presencia en la Costa de Oro, Lavalleja y Florida.
Las autoridades de la División de Investigaciones y Narcotráfico de la Armada dijeron a LA REPUBLICA que las actuaciones continúan ya que hay varios requeridos y que la Justicia congeló todas las cuentas bancarias de los involucrados y tras resolver el levantamiento del secreto bancario estudia ahora el movimiento de dinero de los narcos. Las fuentes destacaron la labor desarrollada, poniendo énfasis en que el lento trabajo permitió desarticular la banda y capturar a los «peces gordos», lo cual quedó demostrado con la tipificación impuesta por la Justicia que consideró la venta de droga agravada por «la participación de una asociación o grupo delictivo organizado».
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