Intentan penetrar el misterio del doble asesinato del Sauce
Sobre las 19.00 del pasado lunes 20, el comerciante Baltasar Villamide concurrió a la finca de su amigo Fernández, a quien no veía desde el mediodía del martes de la semana anterior, cuando habían almorzado en el Mercado del Puerto. En aquella oportunidad, la conversación había girado en torno a las elecciones de la Asociación Española que se realizarían el domingo siguiente y las posibilidades de la Lista 11, integrada por ambos. Fue entonces que encontró al matrimonio asesinados a tiros.
Desde entonces, los investigadores canarios enfrentan un extraño caso que ayer seguía marcado por la confusión y la falta de «explicaciones lógicas». La casa de campo estaba en orden, no faltaba dinero ni joyas. Sólo desapareció la pistola calibre 7.65 de Fernández, la cual habría sido utilizada por el homicida.
Pocas horas después de hallar los cádaveres en avanzado estado de descomposición, los policías de la Dirección de Investigaciones, al mando del inspector Zócimo Nogueira, viajaron al departamento de Flores y trasladaron a Canelones al hijastro de la víctima, un hombre de aproximadamente 30 años.
Al ser indagado, aseguró que entre la noche del miércoles 14 y la mañana del jueves 15 estuvo junto a su familia en el interior del país, lo que habría sido certificado por algunos testigos. Además, negó que en esa fecha tuviera el revólver de su padrastro.
Hacia su círculo privado
Ayer, altas fuentes policiales informaron a LA REPUBLICA que las investigaciones efectuadas hasta ahora conducen al círculo privado de Fernández Pouso, quien frecuentaba distintos centros nocturnos de la capital uruguaya. Era bohemio y mujeriego. Por ese motivo, su relacionamiento con distintas personas está en el centro de las averiguaciones. Según indicaron los jerarcas consultados, las llamadas realizadas y recibidas en su teléfono celular y los números almacenados en su agenda también son objeto de distintos análisis.
Los datos manejados en las últimas horas permiten establecer que el asesinato se registró alrededor de las siete de la mañana de aquel caluroso jueves. La mujer estaba levantada y le había dado de comer a sus tres perros, mientras que el ejecutivo aún dormía.
«Siempre pensamos que venía del ámbito privado», dijo ayer a LA REPUBLICA su amigo Villamide.
La hipótesis de Villamide, convertido en uno de los referentes de los investigadores, coincide con las especulaciones de la Policía canaria.
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