Ataques vandálicos y amenazas de muerte a funcionarios provocan cierre de policlínica
Autoridades de ASSE manifestaron a LA REPUBLICA que cerraron el centro de atención de salud porque «de ninguna manera podemos poner en riesgo a nuestros profesionales por una pandilla que quiere tener una ‘zona’ liberada» y agregaron: «Es un peligro latente».
Esto es muy grave y se analiza qué acciones llevar a cabo desde el INAU, la Jefatura de Policía sanducera y el Ministerio de Salud para resolver esta problemática».
Este nuevo ataque provocó congoja, malestar e indignación porque no es el primero. Como ya informara LA REPUBLICA, otro lugar preferido por los violentos para sus acciones es el destacamento policial, que ha sido objeto de todo tipo de atropellos. Incluso intentaron violar a una agente de guardia.
De a poco, los malvivientes fueron dando muestras de fuerza. Los vecinos consideran que viven en un estado total de «intolerancia» e «inseguridad». Los vándalos no sólo rompieron cartelería sino que arrasaron con todo. A tal punto que con anterioridad trataron de incendiar el kiosco con dos agentes adentro. Estos conservaron la calma y el ataque no pasó a mayores por la alta profesionalidad de los efectivos.
En el caso de la policlínica, las autoridades y un grupo de vecinos rápidamente pusieron manos a la obra y repararon los dos paredones situados al costado de la edificación, más las ventanas, rejas, puertas y techos. Se repusieron los vidrios, pero los malvivientes regresaron una vez más y en esta oportunidad generaron destrozos mucho más graves.
También arrojaron pintura de color naranja, plasmaron leyendas de mal gusto y dibujaron símbolos.
Esa misma noche, un grupo de jóvenes disparó reiteradamente contra el destacamento policial. Las balas impactaron en las paredes tras romper los vidrios.
Personal de Radio Patrulla acudió al lugar y encontró marcas de al menos tres impactos de bala sobre la fachada. Hoy los efectivos realizarán una inspección diurna para tratar de recuperar algún proyectil. No hubo heridos ni detenidos y se desconocen los motivos del ataque.
Difícil acceso para las autoridades
Resulta inexplicable para las autoridades que la policlínica sea el centro de ataques vandálicos. Este suceso causó la alarma de unos 3.500 habitantes, ya que aunque alguna vez se había intentado incendiar el kiosco policial, en lo que podía considerarse un acto de irracionalidad, en esta ocasión, según las mismas fuentes, todo parece responder a un «acto premeditado para proteger a los «pesos pesados» de la droga y la delincuencia en general.
La Policía investiga lo sucedido a lo largo de un extenso recorrido en el que los causantes de los incidentes han ido incendiando puntos estratégicos de la zona.
Las mismas fuentes reconocen que «han ido detrás» de los pirómanos apagando los focos ígneos ya que el objetivo principal en esos momentos es evitar que los daños sean mayores.
Además estos hechos motivaron la intervención de investigadores especializados que han logrado descifrar las extrañas particularidades de este fenómeno.
«Es un acto reprobable porque, para empezar, toda la ciudadanía merece respeto, aún más tratándose de lugares de atención de la salud, por lo que se debe investigar y sancionar a la persona para que no quede aislado este hecho», señalaron fuentes policiales a LA REPUBLICA.
«Por el momento se ha cerrado momentáneamente el centro», dijo la doctora Ana Chacling, integrante de la Red de ASSE. Al mismo tiempo llevó tranquilidad a todos los usuarios, que aseguró serán atendidos en la policlínica de Nuevo Paysandú, o en su defecto en la emergencia del Hospital Escuela del Litoral (HEL).
Las causas directas de tales acciones de violencia parecen repetir también el manual. En el primer caso, las amenazas de muerte a una médica (lo que ya había provocado diversos incidentes a lo largo de la semana y un primer policía herido) ilustran la escalada de violencia registrada desde hace un año y medio en las barriadas marginales de las ciudades.
«No es que hayan aumentado los recurrentes enfrentamientos con la Policía, pero se han agravado considerablemente con la aparición regular de armas de fuego. Se ha levantado un tabú. Ha saltado un cerrojo psicológico», comentó una alta autoridad policial.
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