El increíble crimen de Darío frente a "Luna Negra"

Cuando la Policía mata

Canelones

 

Darío tenía 21 años, vivía junto a sus padres y hermanos en una vivienda ubicada en el kilómetro 25.100 de la Ruta 102 y trabajaba en la fábrica de bebidas «Limol».

En la noche del sábado 12 de febrero del año pasado, concurrió al local bailable «Luna Negra», situado a poca distancia de su casa.

El joven pensaba regresar temprano, pues aprovecharía su día franco para visitar el departamento de Colonia. Sobre las 2.45 de la madrugada del domingo 13, se despidió de sus vecinos y salió del baile rumbo a su hogar. Según denunciaron entonces distintos testigos, al llegar al exterior del local observó que dos policías golpeaban a un amigo suyo, por lo que preguntó qué ocurría. «Te dije que te corrieras», respondió un policía, tras lo cual sacó su revólver y le disparó en el cuello.

Asustado y con una mano en la herida, Darío corrió algunos metros y cayó al pavimento. Uno de los muchachos que lo acompañaban esa noche, Juan Manuel Gopar, declaró que los efectivos se negaron a trasladarlo de inmediato a una policlínica, argumentando que no le había sucedido nada. De acuerdo al informe médico, a los pocos minutos dejó de existir.

El caso provocó una gran indignación entre los vecinos, que una semana después marcharon por Camino Carrasco para reclamar justicia. Desde el interior de la comisaría un policía filmó la manifestación, mientras que otros uniformados custodiaron el pasaje de la marcha con armas en sus manos.

Una larga pesadilla

En medio de la repulsa popular, el policía NORA fue enviado a la cárcel, imputado de un delito de homicidio.

Sin embargo, a un año del asesinato, los familiares de la víctima sostienen que el caso aún no está aclarado y aseguran que no logran convencerse de lo ocurrido.

«Este fue un año pésimo», afirmó a LA REPUBLICA su hermana Karen, quien señaló que muchas veces se acuesta creyendo que se trata de una pesadilla que terminará cuando despierte.

«Hay momentos en los que no queremos asumir la verdad», dijo con lágrimas en sus ojos.

En la ventana del almacén de sus padres permanece el afiche del rostro de Darío con el insistente reclamo de justicia. Su madre, Mayder Núñez, recordó las principales características de su hijo: cariñoso y solidario. Por esos motivos sostuvo que la versión policial brindada luego del asesinato, según la cual se habría producido un «enfrentamiento» entre agentes y jóvenes, es absolutamente falsa.

La señora reveló que tras el asesinato, el efectivo que el 12 de febrero acompañaba al homicida había huido a Buenos Aires, donde fue detenido por Interpol. Señaló que próximamente, al reabrirse el caso, será conducido ante el magistrado de Ciudad de la Costa, Gustavo Mirabal.

Cosas por aclarar

Mientras tanto, Artigas Núñez, padre de Darío, declaró que los informes elaborados por especialistas de balística en Montevideo y Buenos Aires indican que «si en el asesinato fue utilizada el arma reglamentaria, luego la limpiaron muy bien».

«Quedan muchos extremos por aclarar», subrayó, y comentó que días atrás «el juez le pidió al jefe de Policía de Canelones, Luis Pereyra Roldán, la copia del sumario interno, que contiene unas cuantas cosas». Además, expresó que Pereyra «nos dijo que tratarían a los culpables como si fueran delincuentes comunes».

Su esposa manifestó que hay más policías involucrados, al tiempo que Artigas Núñez subrayó que el subcomisario Molinari, responsable de la seccional a la hora del homicidio y actual encargado de la comisaría de Barros Blancos, «tiene mucha responsabilidad». En ese sentido, los familiares coincidieron en apuntar que los policías de Paso Carrasco que cumplían tareas en la discoteca –cerrada tras el asesinato– «estaban acostumbrados a hacer lo que querían».

Por su parte, Karen Núñez anunció que a través de su abogado, Eber Amarillo, la familia presentó un pedido de indemnización al Estado. «Ningún dinero nos devolverá a Darío; sólo queremos que se hagan responsables de las cosas que pasan, pues no pueden darle un arma a cualquiera.

Quien mató a mi hermano era un asesino en potencia que trabajaba como policía», destacó.

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