Las víctimas no tenían antecedentes penales
Personal especializado de la Policía Técnica que procedió a identificar a los dos jóvenes asesinados a balazos pudo detectar también que los mismos no registraban antecedentes penales. Esta constatación replanteó el primer esquema montado por las autoridades de la Seccional 24ª y de la División Homicidios, tomando como base de que se trataba de delincuentes en el caso de los dos jóvenes abatidos.
Estos fueron identificados como César Javier Rodríguez Bayardi, oriental, soltero, de 21 años y Diego Villafán Suárez, oriental, soltero, de 18 años, quienes trabajaban en el puerto capitalino.
Esta comprobación de los registros de la Jefatura de Policía tira por tierra –por ahora– la posibilidad de que ambas víctimas fueran delincuentes, aunque no se descarta que estuvieran ingresando por primera vez en el camino del delito.
Todo ello viene a profundizar aun más el misterio existente en torno a estos asesinatos cometidos al estilo de una «ejecución» y en tal sentido, las hipótesis que maneja la Policía son de variada gama y ninguna se ha descartado prima facie.
Como consecuencia de esta variante, las autoridades de la Seccional 24ª y de la División Homicidios están revisando todos los detalles del caso, puesto que si no eran delincuentes cómo es que uno de ellos estaba enmascarado con una media de mujer en la cabeza y el otro tenía una bufanda para taparse el rostro, habiéndose hallado junto a los cadáveres un revólver calibre 32 presumiblemente de uno de los asesinados.
El hecho quedó al descubierto el sábado a las 2 de la madrugada, cuando efectivos de la Comisaría del Cerro fueron alertados de que en la esquina de la avenida José Batlle y Ordóñez (continuación Viacaba) y Puerton Rico, a dos cuadras de la Fortaleza, se había producido un tiroteo y dos personas estaban heridas en el lugar. Cuando los agentes llegaron, observaron que las dos víctimas presentaban heridas de bala. Facultativos de una unidad de emergencia móvil establecieron que ambos habían fallecido. Uno de ellos presentaba un balazo en la axila que le había alcanzado el corazón y el otro, el que llevaba la media, tenía un balazo en la cabeza.
La escena del hecho estaba indicando a los funcionarios policiales que los dos fallecidos habrían intentado cometer un asalto a una de las parejas que concurren en auto al lugar.
La víctima logró adivinar sus intenciones y les habría efectuado los disparos fatales.
Esta fue la primera hipótesis estimada en base a los hechos, puesto que en esos momentos no se conocían las identidades de las víctimas, ni se sabía si tenían o no antecedentes penales.
Otros funcionarios más veteranos de la zona recordaron la existencia de un grupo clandestino que colaboró en muchas ocasiones con la Policía, denunciando delincuentes que se refugiaban en el Cerro Norte.
Este grupo se organizó primero como vigilantes privados que recorrían las zonas más peligrosas. No obstante, se dijo, sus actividades fueron rechazadas por el Ministerio del Interior como «vigilantes voluntarios» de apoyo a la Policía, lo que determinó que el grupo pasara a operar clandestinamente realizando «faenas» bajo contrato.
Una de las actividades efectuadas se refirió en varias ocasiones a la recuperación de motos robadas mediante el pago de un rescate, delito muy común años atrás en el Cerro.
El grupo clandestino detectaba el lugar donde estaba la moto y la rescataba para devolverla a su legítimo propietario informando luego en forma anónima a la Policía dónde estaba el «enterradero» de los ladrones.
Más misterio
Ante los nuevos hechos, la complejidad de la situación ha aumentado y los investigadores policiales, aunque no desecharon la acción de un comando vengador, comienzan a trazar otras hipótesis, ya que la falta de antecedentes de los jóvenes ejecutados indica que solamente se encontraría motivo en la acción si los hubieran sorprendido «infraganti» en su primer delito.
Ahora, al conocerse la identidad de los dos jóvenes ejecutados y tras establecerse que los mismos no tenían antecedentes penales, el misterio se profundiza aun más, puesto que las pistas son muy endebles.
Se tratará de profundizar en la vida de las víctimas, quiénes eran sus amistades y cuáles eran sus ocupaciones, en busca de detectar la venganza como móvil posible.
El crimen pudo haber sido el resultado de una discusión con otras personas, aunque desconcierta el hecho de que uno de ellos tuviera una media de mujer puesta en la cabeza, para no ser reconocido. A no ser –dijo un investigador– que los homicidas le hayan colocado esa prenda en la cabeza, luego de dispararle con intenciones de desorientar a los pesquisas.
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