Se tiró de una ambulancia y nunca más lo vieron

La fuga del paciente siquiátrico

El paciente aprovechó una parada por problemas del tránsito, en Br. Artigas y Marcelino Sosa, para abrir la puerta de la ambulancia y darse a la fuga corriendo. Hasta hoy, nada más se supo de este hombre joven, por lo que sus familiares y amigos llegaron hasta LA REPUBLICA solicitando difundir esta dramática historia.

La voz cantante del grupo fue César Gagliotti, padrastro del muchacho desaparecido, quien explicó que «se trata de una historia de locura, y no porque la víctima sea un paciente siquiátrico.

Por el contrario, lo verdaderamente insólito es el escape de un paciente del interior de una ambulancia que lo llevaba al hospital».

«Este debe ser el único país en el mundo», dijo Gagliotti, «en que se escapa un paciente de una ambulancia en pleno traslado y todos se lavan las manos, llegando incluso al hecho actual en que pasados casi cinco meses del episodio, no sabemos dónde está Julio César, si está vivo o muerto…»

 

La muerte de sus padres

Gagliotti, visiblemente molesto por la situación, dijo que «el muchacho tenía un grave problema, ocurrido en julio de 1998 y que lo venía afectando enormemente. En aquel momento, su padre fue atropellado en la calle Piccioli, cuando iba en bicicleta, luego de haber perdido el trabajo.

Aquello también fue increíble, pues el padre llevaba su cédula cuando fue atropellado. A consecuencia del accidente estuvo diez días en coma en el CTI del hospital de Clínicas, sin que la Policía se hubiera tomado la molestia de avisar a los familiares.

No se les avisó, ni del accidente, ni del estado crítico del hombre. Peor aun, el herido no se pudo recuperar de sus lesiones y murió solo en el hospital, sin que sus familiares se enteraran. Lo sepultaron como persona desconocida cuando todos lo andaban buscando como un desaparecido más.»

«Dos meses y medio después, Julio César se enteró en forma sorpresiva de la muerte de su padre por una vecina que lo comentó en un almacén del barrio.»

«El impacto fue tremendo para el muchacho que pasó a vivir un tiempo con una tía que soporta secuelas de una hemiplejia. Otro golpe fulminante vino a terminar con la fragilidad mental del joven, ya que pocos meses después, fallecía su madre».

«A partir de ese instante, su alma atormentada ya no tuvo sosiego. Entraba en zonas oscuras de desequilibrio y se escondía varios días sin ver a nadie».

 

El mazazo final

«Pese a todo, iba superando lentamente su intenso dolor interno, hasta que vino el golpe final en noviembre de 1999 con la pérdida de su trabajo. Este nuevo zarpazo del destino, lo tomó como si ya no tuviera un lugar en el mundo y cayó en profundas depresiones. Sin embargo se comportaba bien, no era de hacer problemas ni de escaparse.

El no vivía conmigo, pero yo iba todos los días a verlo, incluso varias veces al día, porque estamos a pocas cuadras.»

«Entonces llega el día 13 de octubre del año 2000, cuando a la hora 22 y 30 los familiares lo ven desmayado y deciden llamar a la Unidad Coronaria Móvil.

«El médico de la UCM que lo atendió, decidió trasladarlo al Hospital Vilardebó. En ese momento yo no estaba con él y me avisaron por teléfono.

Yo traté de llegar rápidamente para acompañar a Julio, pero no me dejaron. Posteriormente, al llamar al lugar donde presuntamente lo habían llevado, me indicaron que allí nunca había llegado.»

 

La fuga

«Llamé a la empresa y me dijeron que mientras lo trasladaban se había escapado, aprovechando que la ambulancia había estacionado momentáneamente en Br. Artigas y Marcelino Sosa. Fue entonces que empezó la otra parte de esta historia increíble. Me puse como loco y empecé a averiguar sobre lo ocurrido. Fui a la Seccional 12ª a presentar la denuncia.

A los pocos días veo en la prensa un pedido público de colaboración para localizarlo, emitido por la Jefatura de Policía, el cual era totalmente opuesto a la realidad. El informe de la Policía decía que ‘el joven Julio César Pereyra, quien padece de alteraciones mentales, fue visto por última vez el viernes 13 de octubre de 2000 en la zona de su domicilio sito en Camino Corrales 3019′, omitiendo que en tal ocasión fue trasladado en una ambulancia».

Gagliotti sostiene que «la cosa se le complica porque carece de medios para pagar a un abogado, pero es evidente que existen cosas muy raras. Primero la fuga y luego que la Jefatura de Policía emita un comunicado cambiando los hechos».

«Ahora, transcurridos casi cinco meses sin tener noticias del muchacho desaparecido, los familiares seguimos con la angustia de no saber dónde está.

Fue por eso que decidí no quedarme quieto y empecé a buscar respuestas. Mandé una nota a la UCM donde di cuenta de todos los hechos conocidos exigiendo una investigación y una respuesta.

Luego, empecé a distribuir un panfleto solicitando ayuda a la población y pregunto si a Julio no le pasó lo mismo que a su padre, quien se murió sin que sus familiares se enteraran».

«A raíz de ese panfleto, del cual soy responsable, fui citado por el Departamento de Vigilancia de Investigaciones, donde pretendieron acusarme por el delito de difamación, cuando lo único que hice fue decir la verdad».

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje