Critican severidad policial en Melo por las fiestas de Momo
El agitado y tradicional Carnaval melense ha tenido este año un nuevo elemento, sobre el cual las opiniones de la sociedad están radicalmente divididas. Con poco tiempo al frente de la Jefatura de Policía de Cerro Largo, el inspector general (r) Santiago Bitavarez no quiso arriesgarse a las previsibles consecuencias que generalmente arroja la fiesta de Momo, montó un operativo que tiene desde los más entusiastas defensores hasta quienes entienden que Melo parece haber retornado a las represivas e intolerantes medidas de la dictadura.
En torno a las tres concurridas discotecas y más de cinco clubes y centros de diversión la Policía monta una verdadera zona de exclusión. Las tradicionales aglomeraciones que ocurren a la salida de las reuniones bailables son dispersadas con firmeza por los efectivos policiales, suscitándose en algunos casos forcejeos y ríspidas discusiones que muchas veces terminan en las seccionales policiales.
Los jóvenes habituados a dar rienda suelta a la algarabía que despierta el Carnaval fronterizo rechazan enérgicamente la actuación policial a la que han calificado como verdaderas «razzias». Sin embargo al promediar la semana de Carnaval el jefe de Policía parece estar ganando la pulseada al reducir al mínimo los números de accidentes e incidentes en la capital arachana.
Una calificada fuente policial confió a este corresponsal que ante las críticas Bitavarez habría dicho: «Quiero que me critiquen al finalizar el Carnaval cuando sepamos si el plan ha dado resultado, por ahora somos de las capitales que menos muertes y accidentes ha registrado». Mientras tanto, el máximo jerarca policial sabe que la prueba de fuego para su estrategia será la actividad del próximo fin de semana, cuando generalmente la euforia por el «entierro» del Carnaval deja las secuelas más negativas.
Paralelamente la Policía trata de hacer cumplir rigurosamente las disposiciones que limitan los locales autorizados para la expedición de bebidas alcohólicas, medida que a la postre también es resistida por comerciantes y consumidores.
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