Los presos reclaman por el hacinamiento que sufren

Violento motín de dos horas en Rivera

Durante dos horas de la tarde del martes se produjeron graves incidencias en forma escalonada, donde se sucedieron riñas y golpes en el Pabellón Nº 1 donde están los procesados de mayor peligrosidad, quienes trataron de dominar por la fuerza a algunos de sus compañeros que no se animaban a plegarse al movimiento.

La guardia de turno debió intervenir en primer momento, pero ante la incontenible ola de violencia se dio el alerta general acudiendo funcionarios de las reparticiones más cercanas. A la hora 20 se produjo el pico más alto de tensión cuando se sumaron al alzamiento otros 50 presos del Pabellón Nº 3.

En este sector están alojados los primarios y los sentenciados por delitos de menor gravedad. La totalidad de los reclusos, reivindicaban mejores condiciones y más comodidad, ya que la Cárcel Central de Rivera se ha transformado en un verdadero depósito humano debido al exceso de procesados en los últimos meses.

Dado al cariz violento que tomaban los acontecimientos debieron intervenir en respaldo de la guardia del vetusto establecimiento, personal policial de todas las seccionales del departamento, especialmente de la 1ª a la 10ª, que son las más cercanas a la capital, además del Grupo de Operaciones Especiales y personal de Bomberos, ya que los reclusos quemaron gran cantidad de colchones.

Consultado al respecto, el inspector Harley Barboza indicó que las causas del estallido se deben a que «en la Cárcel Central de Rivera hay actualmente 142 reclusos, cuando su capacidad máxima es para 60 procesados, casi dos veces y media su capacidad locativa».

Después que la violencia desembocara en un verdadero motín, se dio intervención al magistrado de 2º Turno del Juzgado Departamental, Alberto Miguel Basil. A su arribo se inició una serie de diligencias y contactos procurando normalizar la difícil situación.

Simultáneamente, una dotación de bomberos debió intervenir cuando los presos iniciaron la quema de colchones. Rápidamente, los soldados del fuego lograron evitar una verdadera catástrofe si el fuego se hubiera propagado a otras dependencias.

De todas maneras, durante dos horas, la población de Rivera vivió con el corazón en la boca ya que, además del humo y las sirenas policiales, los reclusos provocaba una sensación de temor por la enorme gritería y el ruido que hacían golpeando puertas y columnas, además de causar el estallido de los vidrios.

En ese transcurso se realizaron gestiones ante el Ministerio del Interior y las autoridades competentes procurando el traslado de reclusos hacia otros centros de reclusión del país.

De esta forma, al descender el caudal de detenidos, se podría descomprimir la situación motivada por la superpoblación. En caso contrario, dijeron las fuentes, si el Ministerio del Interior no toma el caso con la seriedad que requiere, los estallidos podrían multiplicarse al resto de las cárceles del país.

Finalmente, los presos heridos en la refriega recibieron atención médica del forense Daniel Bertolotta sin que ninguno de ellos presentara lesiones de entidad.

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