GOLPEO, VIOLO Y ESTRANGULO
Ramos Benítez, de oficio montaraz y con un oscuro pasado, había sido procesado a mediados de los 80 por abusar de un menor y en 2006 fue enviado al Comcar por homicidio. Hace pocos meses, luego de cumplir su condena, había regresado a Paysandú para afincarse en la zona del Vertedero, en una vivienda precaria, construida de madera y trozos de nylon, a corta distancia de la casa de Michael. La Policía enseguida supo que estaba ante el autor del asesinato: allanaron su vivienda y encontraron el cargador del celular y restos de la mochila coincidentes con los recuperados en la escena del crimen. Confrontado con la evidencia, el asesino terminó por confesar y detallar con total frialdad cómo sometió y ejecutó al joven. Dijo que conoció a Michael cuando regresó a Paysandú para establecerse en la zona del arroyo Santos. Sabía que el adolescente regresaba de la escuela por el Camino a Casablanca, así que la tarde del miércoles salió convencido de que se cruzaría con la víctima. Cuando ya se había alejado unos 6 kilómetros de Paysandú se topó con él y lo amenazó con un cuchillo, tratando de someterlo. El adolescente resistió el ataque y se trenzó en lucha, pero la diferencia de complexión física y un golpe en la cabeza pusieron fin a los intentos del chico por zafar de la situación. Luego, tras violarlo, lo estranguló con la moña del uniforme escolar.
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