Ofrecía curaciones milagrosas y pedía dinero

Falso manosanta dejó un tendal de estafas

Algo especial tendrá el departamento de Colonia, ya que cada poco tiempo recibe la visita de embaucadores que en un abrir y cerrar de ojos terminan alzándose con el dinero de cientos de vecinos. Algunas veces han sido médicos truchos y ahora le tocó el turno a un presunto «emisario de Dios» que dejó un tendal de víctimas. El hombre, con marcado acento centroamericano en la voz, que bien podría ser una mentira más de un hábil timador, llegó a la ciudad de Ombúes de Lavalle y dijo llamarse Abraham de la Fuente. Contrató un espacio en la radio local y comenzó a vender sus servicios de ayuda a la comunidad en asuntos de toda índole. Se declaraba portador de «poderes divinos» con los que se encargaría de solucionar cualquier problema. En vez de provocar desconfianza, su verborrágica conversación radial cautivó a un buen número de hombres y mujeres que acudieron a plantearle desde dolencias físicas hasta peripecias sentimentales. En todos los casos Abraham de la Fuente les prometía ayuda pero primero tenían que entregarle cierta cantidad de dinero que él se comprometía a devolver cuando «el tratamiento» hubiera concluido, ya que su misión en la Tierra era «hacer el bien y nada más que el bien». Casi al mismo tiempo, el mismo individuo apareció en la ciudad de Juan Lacaze y repitió su esquema de trabajo. Fue a una emisora radial, contrató un espacio -que pagaría a mes vencido, al igual que prometió en Ombúes de Lavalle- y echó a rodar sus cantos de sirena, que de inmediato le reportaron clientela. Sólo había una diferencia: en la localidad lacazina dijo llamarse Moisés López García. Moisés o Abraham o quien de verdad fuera, «leyó (al aire) una carta de una señora que pretendía embarazarse y no lo lograba», recuerda el semanario local «Noticias». Como era de esperar, el hombre le prometió ayuda de Dios a cambio de una retribución monetaria. Pero la dama en cuestión nunca llegó a enterarse de cuál sería la sanación que iba a recibir, porque el hábil individuo, ni bien llenó la billetera, se dio a la fuga. Por cierto que además del daño que causó a su clientela, Abraham-Moisés tampoco pagó los espacios radiales que había contratado en ambas ciudades ni el sueldo de una secretaria que, ajena a las verdaderas intenciones del forastero, había aceptado cumplir esa tarea por simple necesidad. Además dejó deudas en los sitios donde se hospedaba.

El prófugo se presentó en las radios como «profesor en parapsicología, egresado de la Escuela de Miami».

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje