"El sábado, nos asaltaron, nos golpearon y nos tirotearon"
Humberto Artola, que dirige la farmacia con su mujer y sus dos hijos, como un bien de familia, está harto de ser «pasto de las fieras». Y decidió hacer algo. Habló con el ministro Guillermo Stirling y luego lo llamó por teléfono el inspector Nelsi Bobadilla, actual coordinador general de la Jefatura capitalina. Pero los golpes que recibió en la cabeza, durante el asalto del sábado 19 último y los tres balazos que le «peinaron» la piel, no se los quita nadie.
«Nos instalamos en 1981 –dice don Humberto– y los primeros diez años transcurrieron con normalidad. Tal vez no lo sabíamos, pero ahora, hasta uno puede pensar que nos estaban dejando engordar. Tal vez. En 1990, más o menos, comenzó la violencia. Tenemos contabilizados 20 asaltos en los últimos diez años, a dos por año.
«En lo que va de este año 2000, ya sufrimos tres, dos en enero y uno en febrero. Lo cual, quiere decir que la violencia va en aumento.
El último golpe
«El último golpe fue particularmente violento. Fue el sábado pasado, sobre las 21 y 20 cuando estábamos cumpliendo el turno hasta las 22 horas. Yo estaba en la puerta, porque a esa hora de la noche hago un poco de vigilancia en las vereda mientras mi esposa y mis hijos se turnan en atender a los clientes.
«De pronto llegaron tres individuos. Uno se quedó en un auto, el otro se mantuvo en la calle y el tercero entró como cliente pidiendo algo a mi esposa. Yo me distraje. No desconfié porque eran cuarentones y uno siempre espera que lleguen asaltantes de 20 años, melenudos, con vaqueros rotos.
«Ellos no me habían visto o no me dieron importancia. Pero luego, el chofer bajó y entró como a comprar algo, luego volvió por detrás mío y allí me descargó dos culatazos en la cabeza que me derribaron al piso.
«Con la cabeza llena de sangre me levanté y empecé a pelear con uno de ellos mientras mi hijo le tiraba una vitrina encima al otro tratando de hacer el escándalo suficiente para atraer a algún policía o a alquien. En ese instante, uno de los pistoleros efectuó tres disparos con dos armas poderosas. Según dijo la policía, una sería de calibre 38 y la otra de calibre 9 mm.
El tercer tipo manoteó el dinero de la caja y luego se abalanzó sobre las estanterías, donde estaban los sicofármacos. Allí, sí, llenaron un bolso y escaparon en el auto.
A mí me tuvieron que internar con traumatismo y me dieron varias puntadas en la cabeza, además la presión me había subido a 24. Casi me matan…» dijo Artola.
«Pero no nos quedamos tranquilos. El domingo reposé hasta recuperarme. El lunes fui a hablar con el ministro Stirling. Lo esperé a un lugar donde yo sabía que iba a ir y me atendió con la mayor educación y comprensión. Le expliqué todo. Le dije que estamos indefensos en manos de los delincuentes y le agregué que yo creo que dos de ellos deben ser o fueron policías, por su forma de actuar».
«Después de mi conversación con Stirling, a la tarde me llamó por teléfono el inspector Bobadilla, actual Coordinador, un hombre muy atento, quien me manifestó que mantuvo una reunión con el comisario de la 6ª y con el inspector de Zona a los efectos de instrumentar medidas para vigilar la zona, ya que la avenida San Martín no había sido muy vigilada tradicionalmente puesto que el público transita más por General Flores, donde se concentró la vigilancia. Los delincuentes observan los movimientos de la policía y es por eso que ellos se desplazan a otras zonas menos vigiladas, por lo que hay que estar en permanente movilidad.
«Además, el lunes de noche cortamos la calle con el apoyo de los vecinos, quemamos cubiertas y armamos un poco de barullo para llamar la atención, porque creemos que algo hay que hacer para que los «malandros» no nos caminen por encima». No sabemos lo que pasa, pero sí sabemos que ya no hay más o menos calientes que otras, porque todo Montevideo está que arde y esto no se arregla conversando».
Compartí tu opinión con toda la comunidad