Villa Quebracho: delincuencia,prostitución infantil y alcohol
Ante las denuncias efectuadas por los vecinos y por el presidente de la Asociación Civil de Villa Quebracho, LA REPUBLICA recorrió el trayecto y se hizo presente en la localidad, ubicada a 65 kilómetros de la ciudad de Paysandú. Se ha dado un importante aumento de la delincuencia y de la prostitución infantil y de adolescentes callejera y en «boliches». Tampoco existe intervención de INAU ni de las propias autoridades departamentales en el control de los menores. La actividad de proxenetas y el incumplimiento de la normativa de los locales, son otros de los problemas. No existe habilitación y hay menores trabajando en los mostradores.
En la plaza principal, que está en 18 de Julio y Lavalleja, es moneda corriente «el levante» de una niña. Conforme avanza la noche cada vez son más las chiquilinas en la calle, las que además se encuentran en evidente estado de ebriedad.
La prostitución se ejerce a la vista de todo el pueblo. Transitar por las principales arterias muestra una inconfundible postal que los habitantes de la localidad parecen no querer ver.
Un infierno de noche
Otro ambiente, casi otro mundo, ya que sólo 20 metros separan el paraíso del infierno.
LA REPUBLICA llegó hasta la calle posterior de uno de los recintos, boliche o bar, da igual su nombre. La misma se la conoce como «la calle del infierno», y pronto se descubre por qué.
Sexo, drogas, alcohol, se ofrecen sin el menor pudor. Es una Sodoma y Gomorra moderna en la que las prostitutas y sus chulos son los amos del territorio.
El paisaje en nada se parece al que cabe esperar de un lugar de trabajo.
No se trata de un problema de moral privada, sino de seguridad pública, y de prestigio para un departamento que vive de su imagen. Proxenetas de distinto «pelaje», de burdel selecto, están siempre al acecho y es rara la noche que no protagonizan un altercado con algún cliente borracho que quiere una rebaja.
Tarifas nocturnas de calle y boliches
Julia -nombre ficticio, por supuesto- es una prostituta. Cobra 150 pesos por hora de trabajo, la mitad de la tarifa que normalmente tienen «las profesionales».
«Son las que van de guapas», explicó la mujer, y agregó «pero a las cuatro de la madrugada también si se ha trabajado poco se cobra menos, porque de algo hay que vivir». «No hay trabajo, se terminó la changa de la forestación, y de las plantaciones de arándanos; ¿qué hacen las madres adolescentes con chicos, o jefas de familia?».
Muchos de los establecimientos carecen de medidas contra incendios, no respetan las disposiciones municipales y policiales e incumplen el horario de cierre nocturno, lo que configura a una pequeña Villa «sin ley».
Los problemas de inseguridad han puesto en alerta a los vecinos que quieren recuperar la imagen del lugar que durante muchos años ha sido emblema, pero no han tenido solución.
Recuperar el orden mínimo indispensable para que la zona no pierda definitivamente su patrimonio seguramente llevará su tiempo, aseguran los vecinos.
«Es tan grande el problema y tan obvio, que el simple paseo nocturno que realizó usted da para percibir que se trata de una tarea urgente», concluyeron los preocupados moradores de Villa Quebracho.
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