Una historia de familia en la Jefatura de Policía de Canelones, que viola leyes, decretos y circulares

Mi hermano, el jefe de Policía

Al asumir la jefatura de Policía canaria, el inspector principal (r) José Luis Pereyra Roldán integró en su equipo a varios policías montevideanos, designándolos en cargos jerárquicos. Como subjefe pasó a desempeñarse el inspector mayor Boris Torres y como coordinador ejecutivo el inspector Cono Cardozo. En estos tres cargos está la punta de la pirámide jefaturial. El organigrama se completa con los directores de Investigaciones y Seguridad.

La primera de ellas incluye unidades dedicadas a continuar o apoyar las tareas de las comisarías, en delitos específicos, tal como lo señalan sus nombres: Homicidios, Hurtos y Rapiñas u Orden Moral. En esta repartición fueron pocos los cambios introducidos por el jefe al desembarcar, desde su anterior cargo como director nacional de Cárceles, a la segunda jefatura de Policía más importante del país.

Donde se modificó sustancialmente la estructura fue en la Dirección de Seguridad, de la cual dependen las 27 comisarías canarias. Al frente de la misma impuso al comisario inspector Elbio Hernández.

Este funcionario, según lo indicado por fuentes policiales a LA REPUBLICA, era subcomisario de Parque del Plata, cuando el apacible balneario se convirtió en epicentro del mundo. (Ver aparte)

Bajo el mando directo de Hernández trabajan tres comisarios denominados inspectores de zona. Una de ellas (la uno), comprende once comisarías del este del departamento, la dos abarca el centro con nueve comisarías y la tres comprende las siete ubicadas en la costa.

Mi hermano

Entre los cambios que decidió el jefe de Policía al asumir el cargo fue la designación de su hemano, Milton Pereyra Roldán, como inspector de la Zona III. Más allá de las consideraciones legales que prohíben un nombramiento de este tipo, fuentes policiales explicaron que el comisario Pereyra no tenía experiencia ejecutiva, al menos la necesaria para estar a cargo de delinear las políticas de represión y prevención de delitos en el área policial más importante del país.

Su anterior destino, durante varios años, había sido cumplir tareas administrativas en el Ministerio del Interior. Y una de sus últimas funciones fue dirigir la cantina de la mencionada secretaría de Estado.

Desde un comienzo la presencia de Pereyra generó resistencias entre el funcionariado, debido a que este comenzó a imponer más que «su autoridad, su relación familiar con el jefe», señalaron las fuentes. Producto de esta situación se generó una tensa relación, la cual derivó en su primera aparición en la prensa. El 13 de setiembre de 2000, LA REPUBLICA publicó las advertencias que el día anterior había formulado a los «soplones» de Radio Patrulla, ante la aparición algunos días antes en este matutino de una carta firmada por el grupo Policías Alertas de Canelones (PAC).

En la misiva sus integrantes denunciaban que la Jefatura de Polícia había disminuido las horas por concepto del servicio 222 y remarcaban que esta decisión les causaba serios perjuicios. Tras leer el diario, Milton Pereyra reunió al personal de Radio Patrulla y efectuó una severa amenaza. «Acá hay algún soplón. Yo soy el hermano del jefe y no me cuesta nada mandar a la calle a cien policías. Con la desocupación que hay puedo traer otros cien al otro día, que podrán tomar sus lugares», fue la advertencia formulada por el jerarca, quien agitando el ejemplar de LA REPUBLICA sentenció: «Esto es una traición».

Si bien en aquel momento no se produjeron despidos, comenzaron distintas «persecuciones» contra oficiales y comisarios que no compartían la metodología de trabajo del comisario Pereyra Roldán. «Siempre resaltó su condición de hermano del jefe, mostrándose omnipotente», aseguraron los informantes. Y hacia finales de 2000 decidió desarticular el Cuerpo de Radio Patrulla, determinando que en vez de estar bajo la órbita de un jefe único, los móviles y el personal que lo componían pasaran a depender directamente de cada comisaría.

Algunas de las fuentes requeridas aseguraron que en sus círculos íntimos había anticipado en reiteradas ocasiones que tomaría las represalias que después vinieron. En este sentido, días atrás se habría producido la última, coincidiendo con el escándalo que provocó el traslado del comisario Bautista a la Seccional 9ª de Migues. Desde el pasado sábado al personal de la Costa se le indicó que pasaría a cumplir un horario de 8 por 16 horas.

Esto implica que trabajan 8 horas diarias en la comisaría y tienen el resto libre. Lo que podría parecer un beneficio no lo sería, en virtud de que muchos de los funcionarios viven en otros departamentos o en el extremo opuesto del mismo. Entonces, si después de 8 horas de servicio realizan otras 6 u 8 de servicio 222, deben viajar hasta cuatro horas a sus casas para estar un rato, ver a la familia, dormir y partir para retomar el turno.

Puesto clave

La política adoptada por el comando de la Jefatura de Policía de Canelones con respecto a la Zona III ha sido calificada como «errática» por algunos funcionarios en actividad dentro de la institución, y por otros policías de larga trayectoria.

Si bien tiene el número de comisarías más bajo, debe preservar la seguridad del área que experimentó la mayor explosión demográfica en los últimos años en todo el Cono Sur, tal es el caso de la Ciudad de la Costa. El hermano del jefe tiene bajo su custodia, según datos del último censo nacional, un total aproximado de 100.152 personas. Esto representa la cuarta parte de la población departamental, distribuidas en poco más de 60 kilómetros.

En Canelones existen solo veinte comisarios, por lo tanto sería imposible poner uno de ellos en cada una de las 27 seccionales. Pero por lo menos daría para cubrir las siete de la costa. Sin embargo, solo dos de ellas (la Seccional 17ª de Atlántida y la 22ª de Salinas) cuentan con comisario; el resto tiene al frente a un subcomisario. Días atrás fue trasladado a la Seccional 9ª de Migues el comisario Juan Bautista, quien estaba al frente de la Seccional 18ª, la de mayor actividad durante el año.

Los motivos para sacar al jerarca de una de las dependencias más importante y con mayor área de influencia, y enviarlo a Migues con una población de apenas dos mil personas, nunca quedaron claros. Fuentes policiales dijeron que había realizado dos procedimientos en los cuales resultaron detenidos dos conocidos del jefe de Policía de Canelones. Uno de estos casos ocurrió el 9 de enero, cuando un farmacéutico golpeó a otra persona y al llegar al lugar la Policía arrestó a los implicados.

Una vez en la comisaría el farmacéutico dijo: «Soy amigo del jefe». A pesar de ello se dio cuenta a la Justicia, la cual decretó un día después su procesamiento sin prisión por «lesiones». Tal como lo informara LA REPUBLICA en su momento, el jefe de Policía de Canelones reconoció en declaraciones a Radio Cristal, que había enviado a un subordinado luego del procesamiento a que «hablara nuevamente con el juez de la Costa para hacerle ver los errores de algunas cosas que fueron mal informadas». El emisario había sido el propio director de Seguridad.

A partir de ese momento el inspector de la Zona III comenzó a enviar informes diarios a su hermano, el jefe de Policía, sobre las actuaciones del comisario Bautista. Fuentes policiales aseguraron que de esa manera, Milton Pereyra sorteó varios escalones al informar directamente al jefe. Antes que con su familiar, el encargado de zona debería haber reportado al director de Seguridad o al superior inmediato de este, el coordinador ejecutivo de la Jefatura. Sin embarg
o, el 13 de setiembre el jefe de Policía había dicho a LA REPUBLICA que «el comisario Pereyra no depende de mí».

A trece días del procesamiento del farmacéutico, el fax de la Seccional 18ª de Shangrilá comenzó a recibir un mensaje. Cuando concluyó, el comisario Bautista se enteró de que su nuevo destino era Migues. La sorpresa se apoderó entonces no solo del personal de esa dependencia, ya que Bautista era un comisario de larga trayectoria y muy respetado en la zona

. Dos días antes de su traslado había desmantelado una organización dedicada a la venta y canje de drogas. En una finca de Lagomar Norte los funcionarios hallaron decenas de elementos hurtados en viviendas de la zona, motos, motores, teléfonos celulares, como así también cocaína y lactosa para estirar el alcaloide.

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