Copamiento tempranero e inusual

Barría la vereda y fue sedada por delincuentes

Apenas pasada la hora 6 y 30, como todos los días, Gladys Sánchez salió a barrer y limpiar la vereda frente a su casa. Junto a esta, en un teléfono público recientemente instalado, un hombre hablaba (o simulaba) dando la espalda a quien luego atracaría, mirando hacia la calle Francisco Simón. Gladys lo vio, pero siguió con su cotidiana actividad.

Al ingresar a su domicilio se agachó para escurrir el trapo de piso, y el hombre que estaba junto al teléfono la tomó por el pelo, le puso un arma en el cuello y le dijo: «Te quedás quieta o te limpio», según lo relató a LA REPUBLICA la víctima.

Al ingresar a la vivienda sita en Mateo Vidal 3154, a escasos metros de Francisco Simón y a una cuadra del sanatorio Impasa, inmediatamente entró en acción un segundo hombre.»Me das la plata» le dijo uno de los ladrones, quien ante la respuesta negativa de la mujer le dijo: «Sí, tenés plata» y la obligaron a inhalar a través de un algodón una sustancia que la dejó semiadormecida.

De inmediato comenzó una búsqueda exhaustiva pero únicamente en la sala, ya que cuando uno de los malvivientes se dirigía al dormitorio el otro le dijo que «ahí no, ya no guardan más nada en el ropero», recordó Sánchez lo que pudo oír.

«Dieron vuelta todos los muebles, tiraron los sillones hasta que buscaron debajo de la alfombra y ahí encontraron cinco mil pesos que yo había retirado del Banco República el viernes pasado», señaló la vecina, ex funcionaria del Casmu.

Si bien no reconció con qué producto la narcotizaron, sí aseguró que no era éter ni cloroformo, sustancias estas que conoce por su antiguo trabajo.

Con la plata en sus manos, uno de los ladrones la tomó nuevamente del pelo y le golpeó la cabeza contra la pared. «Por mentirosa», dijo, aclarándole a Sánchez el motivo del golpe. Luego, ambos salieron del domicilio, dejando la puerta abierta y se dieron a la fuga sin que nadie los viera.

Este procedimiento de asalto y copamiento sedando a las víctimas no es frecuente entre los maleantes, pero sí el hecho de estudiar a las víctimas.

En este caso es también curioso que supieran fehacientemente que aun siendo fin de mes había una considerable suma de dinero en el hogar. Tras la huida, la víctima intentó hablar por teléfono, pero su aparato había sido desconectado por los agresores y luego quedó tendida en el piso semiinconsciente, hasta que llegó su compañero y dio aviso a la Policía.

El olor de la sustancia con que fue sedada se mantuvo en el ambiente durante horas; varios de los vecinos que ingresaron a la casa para solidarizarse con la víctima tuvieron que salir de la misma con los ojos irritados debido al producto químico.

«Este era un barrio tranquilo, pero ahora no se puede ni barrer la calle, dijo Gladys Sánchez a LA REPUBLICA, quien lamentó a su vez que las otras vecinas del barrio (que fueron muchas) no denunciaran los asaltos de que fueron víctimas.

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