A Europa y EEUU. Las imágenes se vendían a 25 centavos de euro el minuto

Paysandú integraba red que ofrecía sexo virtual on-line

Valiéndose de Internet y de celulares con tecnología 3G como soporte para la comunicación, empresas cordobesas vendían imágenes condicionadas on-line a clientes virtuales de distintos países del mundo. Estas se producían fundamentalmente en el interior, tanto de Argentina como de nuestro país, según informaron a LA REPUBLICA fuentes policiales.

La mayoría de los «actores» eran estudiantes universitarios y cobraban hasta 3.000 pesos argentinos (unos US$ 1.000) por mes. Para los clientes, el servicio representa una propuesta que superaba las películas porno, ya que podían interactuar y elegir lo que realmente deseaban ver.

LA REPUBLICA consultó a expertos sobre cómo funcionaba el servicio, técnicamente denominado de «exportación de imágenes», y que concentraba su oferta fundamentalmente en países de Europa y en Estados Unidos.

En horarios rotativos, que garantizan cubrir las 24 horas del día, cerca de 500 personas se ocupaban de exponer sus cuerpos ante una cámara y dejaban librado a la imaginación del público movimientos eróticos o fluidas conversaciones subidas de tono. En general, eran chicos y chicas jóvenes (casi siempre menores de edad) que se tentaron ante la propuesta de una jornada laboral de ocho horas y un buen sueldo. Pero también había personas mayores, considerando allí que la demanda presentaba un amplio espectro de clientes a quienes satisfacer. Asimismo, y según eran las condiciones laborales pautadas, algunos podían trabajar desde su casa en tanto que otros atendían las más insólitas fantasías sexuales desde oficinas especialmente acondicionadas para recrear el clima de intimidad deseado.

 

Deseos prohibidos

La propuesta de sexo virtual apuntaba a cubrir el marcado interés de heterosexuales y homosexuales, hombres y mujeres, jóvenes y adultos.

Un público por demás heterogéneo que (amparado en el anonimato) se conectaba interesado en la posibilidad de interactuar con los «actores» y cumplir aquellos deseos que no se animaban a alcanzar en la vida real. Incluso al punto de transformarse en verdaderos directores de la puesta y dar instrucciones sobre las escenas deseadas.

En todos los casos, la conexión on-line se iniciaba una vez que los clientes ­desde el otro lado del mundo­ pasaban los datos de una tarjeta de crédito a la que se cargaba el costo estimado y esta operación era aprobada.

La red fue descubierta hace algunos meses y tras minuciosas investigaciones efectuadas por la Policía cordobesa, con el apoyo de Interpol, se logró desbaratar. Varios de los responsables fueron detenidos y en las próximas horas serán conducidos ante la Justicia, que resolverá su futuro.

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