Más "bagayo" en ómnibus que transportaba 6 toneladas de mercadería; había 3.000 cajillas de cigarrilos
Por Agustín Delarrosa, de Cerro Largo. Sorpresivamente el operativo de Aduanas que permitió la incautación de un voluminoso contrabando de mercadería por valor superior a los 10 mil dólares, dejó al descubierto una cuantiosa maniobra con cigarrillos paraguayos que venían disimulados en un doble piso de la unidad del transporte de pasajeros, perteneciente a la empresa Franco Alegramar SRL, placa STU 1019, decomisada por los funcionarios del organismo represor.
Nuevamente una llamada anónima realizada al jefe de Aduana de Melo-Aceguá, Alfredo Martínez, alertó sobre la existencia en el ómnibus ya intervenido, de una cantidad importante de cigarrillos de contrabando que se encontrarían en un doble piso de la unidad del transporte de pasajeros que cumple la frecuencia diariamente hacia la frontera.
Ante esta situación, el jerarca determinó nuevas inspecciones al rodado, lo que permitió ubicar perfectamente acondicionados en un «doble fondo», 2.780 cajillas de cigarrillos marca ECO de procedencia paraguaya.
Como lo informara LA REPUBLICA, el operativo que permitió la incautación de toda esta mercadería, fue realizado en pleno centro de la ciudad de Melo, y al cierre de este informe tres hombres mayores de edad se encontraban declarando ante la Justicia, sindicados como responsables del matute.
En diálogo con LA REPUBLICA, Martínez reiteró que «se trata de una organización dedicada al contrabando que cubre sus maniobras delictivas con la fachada de una empresa de ómnibus».
En otro orden, el jerarca confirmó que «luego de varias gestiones y a pesar de las trabas de algunos organismos, logramos que el hospital local se responsabilizara del estado sanitario de la mercadería incautada y la recibiera para su consumo».
LA REPUBLICA pudo saber que entre los organismos de contralor sanitario que se opusieron a que la mercadería perecedera fuera donada a instituciones sociales, se encuentra la Intendencia Municipal que a través de su Dirección de Bromatología, que prefería destruir lo incautado por Aduana.
La insistencia coherente y lógica del jefe Martínez, apostó a la sensibilidad y espíritu de humanismo para que todos aquellos productos que estuvieran aptos para el consumo por parte de la población fueran donados a tales efectos.
Cabe acotar que aquellos productos de origen cárnico que interrumpieron su «cadena de frío» (pollos, panchos, chacinados) fueron donados para consumo de los animales del zoológico Municipal.
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