Extraña muerte de un pescador en Bella Unión
Su cuerpo fue hallado enganchado en una red en medio del río Uruguay en zona de Calpica. Como la tragedia ocurrió en el río, actúa en exclusiva la Prefectura y en consecuencia, la Policía de Artigas no tiene jurisdicción.
No obstante, los familiares, sabiendo que el joven pescador solía cruzar el río en su bote a remo para dedicarse a la venta callejera de pescado en Bella Unión, ubicaron un testigo de un hecho que estaría indicando que se trataría de un homicidio.
El vecino dijo que «esa noche sentí el ruido de un poderoso motor en la costa del río y al ir a mirar vi una poderosa lancha con reflectores que trataba de embestir al bote a remo del joven Núñez. «Vi claramente cómo los de la lancha, que era grande y poderosa, levantaban oleaje hasta que hicieron volcar el bote cayendo el muchacho al agua…»
Al lugar del incidente concurrió una lancha de la Prefectura con la jueza letrada doctora Raquel Gini a bordo y el médico forense doctor Ruben Medina. Tras rescatar el cuerpo, el médico lo llevó a la morgue del hospital donde dictaminó que su muerte se debía a «asfixia por inmersión».
Cuando sacaron el cuerpo se estableció que su muerte databa de 36 horas anteriores.
La señora María Teresa Alpuy de Núñez, y José Núñez, padres del infortunado pescador fallecido en extrañas circunstancias, remitieron una carta a LA REPUBLICA narrando lo sucedido y a la vez solicitando que se investigue porque lo que se habla en Bella Unión «son cosas graves» como que la lancha que embistió al pescador podría pertenecer a la Prefectura Martítima de Argentina, que estaba operando en aguas uruguayas. En un pasaje de su carta, la madre acongojada dice: «Alejandro volvía desde la vecina orilla en una chalana de chapa impulsada a remos, con mercaderías que luego vendía en la ciudad. Su particular manera de ver la vida, su negativa de atarse a un trabajo estable, lo llevó desde muy temprano hacia el río. Soportó dificultades, humillaciones, detenciones y amenazas… Sí, fue amenazado de que lo harían desaparecer si reincidía… y desgraciadamente eso se dio…»
«Algunos habitantes de la zona fueron directos testigos de la presencia de una conocida lancha de la orilla opuesta. La misma se acercó a la chalana con reflectores encendidos, en nuestras aguas, y lo enfocó por un tiempo. Luego apagó y se retiró, comprobándose que al alejarse la lancha, la chalana también había desaparecido. Y con ella nuestro hijo».
«¿Que pasó? ¿Por qué esa lancha atuando en nuestras aguas? ¿Quién la autorizó?», son preguntas que se formula la madre de la víctima. Luego agrega que en la vecina orilla las consultas efectuadas recibieron siempre la misma respuesta: «ese día, a esa hora, no hubo ningún procedimiento».
«Nuestro hijo tenía 29 años y 4 hijos… queremos que esto se aclare, ya que el episodio se conoció casi enseguida por boca de un testigo y se demoró en comenzar la búsqueda. Se dejó pasar el tiempo y no se tomó el asunto con seriedad. Incluso se nos dijo con ironía que ellos lo habían visto recorriendo con su carro las calles de la ciudad. ¿Qué mal puede hacer un joven de 29 años que va al río a traer pescado para luego venderlo para sostener a su familia?», termina diciendo la carta de una madre desesperada ante la muerte su hijo ocurrida en circunstancias extrañas y misteriosas.
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