La Policía Turística aclaró el hurto a una neocelandesa

Changador con idiomas fue preso por "seductor"

Sobre las 19 y 20 del 11 de enero la mujer se presentó desesperada al centro de atención al turista que tiene la Intendencia Municipal de Montevideo, en la explanada municipal. Desde esta dependencia se pidió colaboración a la Policía Turística ya que la visitante expresaba haber sido víctima de un hurto. Cuando llegaron los agentes le preguntaron a la mujer los detalles del caso, situación que fue posible gracias al manejo de idiomas de los agentes.

Entonces supieron que estaba de paso por Montevideo y que había llegado en un velero que estaba atracado en el Puerto de Montevideo.

Allí conoció a un tal «Richard» por intermedio de una amiga y de común acuerdo los tres salieron a recorrer la ciudad, más precisamente los alrededores del puerto. El tal Richard se despidió, pero quedaron en que a la tarde saldrían los dos solos. Y así fue.

La salida consistió en un concurrir al cine, luego fueron a cenar y finalmente llegaron al Mercado de la Abundancia. Recorriendo ese lugar estaban cuando la turista tuvo deseos de ir al baño, y dejó al cuidado del hombre sus pertenencias. Cuando regresó no estaba ni su amigo uruguayo, ni su cámara de fotos ni su billetera con dinero. Con él se habían ido sus cosas.

Con todos los elementos en su poder y en base a las descripciones aportadas por la mujer, los funcionarios presumieron que era un habitué de la terminal marítima, por lo que se pusieron en contacto con las autoridades de la Prefectura Naval. Estas facilitaron un archivo fotográfico de las personas que ingresan al puerto a realizar «changas» en los barcos. La mujer reconoció entonces a uno de ellos: Ricardo Antonio Gossical, poseedor de un antecedente penal.

Los funcionarios supieron entonces dónde vivía, pero al llegar a la finca no pudieron ubicarlo.

Igualmente, munidos de su imagen, los funcionarios del cuerpo especializado estuvieron alerta hasta que en la zona de 18 de Julio y Convención lo vieron y lo arrestaron el pasado lunes.

El hombre reconoció los hechos y dijo que el dinero se lo había gastado y que a la cámara se la había vendido a un boliviano. Ayer ingresó una vez más al Comcar acusado de «un delito de apropiación indebida».

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