Tomaron copas y luego de discutir lo mató a balazos
Un hombre fue muerto de cuatro balazos por un sujeto con quien estaba tomando copas desde horas antes y si bien se está ante un hecho fatal, bien pudo desencadenarse una verdadera tragedia ya que el incidente ocurrió frente a un club social que estaba lleno de gente, pues se estaba realizando un beneficio para un niño que debe ser operado en Argentina.
El domingo todo era música, canto y solidaridad en el Club Atlético San Carlos, situado en la planta suburbana de Colonia del Sacramento, donde se realizaba un festival en ayuda de un niño que necesita una intervención quirúrgica en Buenos Aires. Sobre la medianoche, cuando en el salón principal reinaba la alegría porque se había cumplido el objetivo económico fijado, afuera, en una plaza próxima a la institución, y ajena al esfuerzo denodado de cientos de vecinos, la tragedia desató cuatro disparos que le costaron la vida a un hombre vecino de la zona.
«Fue terrible», recuerda uno de los organizadores de la fiesta solidaria. «Yo había empezado a anunciar que se había conseguido el dinero necesario para que el chico pueda atenderse en la vecina orilla, y de repente entraron gritando ‘Andan a los tiros allá afuera'».
«No entendía nada, porque habíamos vivido un día hermoso, lleno de afecto y de apoyo de la población coloniense, por eso salí desorientado a ver de qué me estaban hablando», comentó. El cuadro era terrible: en la placita Varela, frente al club, agonizaba Alcides Fabián Quintana Soto, «El Negro», de 44 años, vecino del barrio, marinero, abatido por los plomos.
«Pudo haber sido una masacre», se estremece al pensar en el constante movimiento de «familias enteras que habían ido a dar una mano, en un ejemplo de bondad que conmovió a Colonia».
Los últimos parroquianos
«Los que protagonizaron ese desastre fueron los últimos parroquianos que yo atendí», dijo a este corresponsal el cantinero del club. «Eran cinco personas que estaban tomando desde hacía largo rato, en determinado momento les pedí si por favor podían salir porque ya era tarde, yo estaba agotado de tanto trabajo y necesitaba un descanso y ellos se fueron».
Hasta ese momento, nada hacía presagiar el desastre que se avecinaba.
Los datos recogidos por LA REPUBLICA en estas últimas horas dan cuenta que se suscitó una discusión entre Quintana Soto y otro compañero de copetines, CFMR, de 32 años, quien se alojaba en un hotel a la vera de la rambla costanera coloniense y que trabajaría como guardia de seguridad en una empresa del departamento.
CFMR sacó de entre sus ropas un arma de fuego y puso fin a la controversia con cuatro balas. Uno de los proyectiles, según pudo saber este corresponsal, habría impactado en la arteria yugular de Quintana Soto.
De esa forma, en pocos minutos se entrecruzaron la felicidad de una familia por haber obtenido el dinero para salvar la vida de su hijo de 9 años, y el drama de otra, distante a pocas cuadras, que perdía trágicamente a uno de sus integrantes. Al cierre de este informe, CFMR continuaba declarando en el Juzgado local previo a su remisión a la cárcel de Piedra de los Indios.
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