La codicia las condenó
Este caso, que ha conmocionado a los investigadores por las cualidades de «buena gente» de la víctima, había sido adelantado en exclusiva por LA REPUBLICA en la pasada edición. Con los procesamientos surgen nuevos detalles que dan la pauta que la codicia fue la que impulsó a un grupo de personas a asociarse para despojar de todas sus pertenencias a una anciana.
De un lado de esta historia, y sola en el mundo, se encuentra María Teresa, de 83 años. No tiene familiares ni a nadie a quien legar. Su única relación cotidiana era con la empleada doméstica, la cual, hasta el momento, no se ha visto implicada en la trama.
Del otro lado, en el extremo opuesto del caso, se encuentran una mujer y su hija, de un buen pasar económico, ambas con cuentas bancarias. También están bajo sospecha una escribana pública que, además, cumple funciones en un juzgado de Paz y un abogado. A todos ellos los unió el afan por quedarse con la fortuna de la vecina de Pocitos y se valieron de su amabilidad para lograrlo.
Malas vecinas
Las fuentes policiales consultadas puntualizaron que las familiares vivían en las inmediaciones de la casa de la víctima y que de esta manera fueron provocando encuentros casuales con el objetivo de ir conociéndose. Así llegaron a entrar a la casa de María Teresa aprovechando la bondad de la ciudadana.
Con el transcurso de los meses la madre y su hija obtuvieron información suficiente sobre las propiedades de la «amiga», como así también de las cuentas bancarias y la caja de seguridad que tenía en la sucursal 19 de Junio del Banco República Oriental del Uruguay (BROU).
Una de las propiedades de la mujer era un chalé en el departamento de Maldonado, adonde viaja asiduamente. En una de estas ausencias, madre e hija penetraron en la vivienda y le robaron dinero en efectivos, joyas, letras del tesoro y, también, la llave del coffre-fort. Pero lo extraño es que ingresaron con las llaves apropiadas, extremo que viene siendo investigado.
Luego de esto las ladronas se presentaron ante una escribana, con la que hicieron un poder general que habilitaba «a la hija» a manejar la fortuna de María Teresa como quisieran. Incluso habían empezado con la casa de Maldonado y un panteón, cuyo traspaso llegaron a publicar en el Diario Oficial, tal como marca la ley para este tipo de movimientos.
Pero la suerte se les cortó cuando se presentaron en el BROU y pidieron para retirar los valores de la caja de seguridad. Llegaron a bajar al mencionado recinto, pero las autoridades bancarias advirtieron que algo andaba mal: la titular de la cuenta no tenía familiares, tal como lo hacía aparecer el poder general. Se les pidió a las «clientas» que volvieran en otro momento.
Eso fue el 4 de diciembre de 2000. A partir de entonces un grupo de funcionarios de la Seccional 2ª de la Dirección de Seguridad comenzó a trabajar en el caso. Una vez reunidos elementos suficientes, comenzaron a realizar el pasado jueves una serie de allanamientos, que culminaron con la detención de la madre, la hija y la escribana. Estos operativos aportaron nueva evidencia y revelaron que una de las implicadas (la hija), identificada como Beatriz Leila Chediak González, de 41 años, tenía cuatro antecedentes por delitos similares.
El viernes declararon ante el juez Penal de 2º Turno, quien dispuso que en la víspera fueran conducidas nuevamente a su despacho. Pasado el mediodía el magistrado decretó el procesamiento con prisión de Chediak González como presunta autora responsable de «un delito de estafa y falsificación ideológica por un particular». Su madre (MRGCH) fue procesada sin prisión por «un delito de estafa», y la escribana fue dejada en libertad. Las fuentes aseguraron que las pesquisas no han concluido y que en el transcurso de los próximos días surgirían novedades.
Compartí tu opinión con toda la comunidad