A la cárcel. Un escribano fue preso por adulterar la firma del muerto en un testamento a favor de un tercero

Fue a reclamar un campo de herencia, pero no quedaba nada

Se trata de 11 hectáreas sobre la ruta y cuyo fondo da al arroyo San Salvador, propiedad del concubino de su abuela, con la que convivió 44 años. LA REPUBLICA habló con Humberto Vidal, el familiar por cuya denuncia terminó preso el abogado ombuense. Su historia, al ocupar el campo para reclamarlo legalmente, tiene ribetes increíbles, ya que dice haberse sentido amenazado, con peligro de vida para su esposa y su madre, y con escasa respuesta de la Policía, que pareció estar en su contra.

LA REPUBLICA habló con el jefe de Policía de Soriano, Julio Martínez Perdomo, quien nos dijo que la denuncia «se sustanció totalmente en el juzgado» de Mercedes y que él no conocía el tema. Sin embargo Vidal dice que fue a reclamarle al jefe de Policía y que en lugar de encontrar ayuda sintió que la Policía estaba del lado de los que fraguaron el testamento que le quitaba la tierra familiar.

Luego del procesamiento del escribano que presuntamente falsificó la firma de Gutiérrez en beneficio de otra persona con la que se investiga estaba confabulado, la Justicia de Mercedes, a cargo de la jueza Ruibal, continúa investigando cada una de las posibles implicancias en el caso, que no se agota sólo con el procesamiento del escribano.

 

Tierra familiar

En charla con LA REPUBLICA Humberto Vidal contó su historia. «Fallece mi abuela seis años atrás y queda el concubino, de apellido Gutiérrez, con el que vivía hace 44 años. Entonces el año pasado, ya hacía unos meses que había muerto Gutiérrez, mi madre me dijo por qué no íbamos para allá porque estaba todo solo y abandonado en el campo y que se estaban robando todo», contó.

«Fuimos al campo y nos instalamos, mi madre, mi esposa y yo durante alrededor de 40 días. Allí nos hicieron una denuncia y nos informaron que había un testamento y que por lo tanto nos teníamos que ir de esa propiedad. Expuse mi situación y pedí ver el testamento y me mostraron un legado que me leyó el juez, donde decía que a Gutiérrez se le había enseñado a firmar unos meses antes y que había dejado el campo a la persona que lo cuidaba».

Esto pasó entre junio y agosto del año pasado. Vidal nos contaría luego que Gutiérrez jamás aprendió a escribir y que tenía un apoderado porque para hacer movimientos en los bancos debía concurrir y marcar su huella dactilar, al igual que para manejar la documentación y los movimientos de ganado. Sin embargo en ese momento le aseguraron en sede judicial que le habían enseñado a firmar en los últimos días de su vida.

Consultado sobre la participación del escribano en estos hechos, dijo que «fue él que el día antes de morir se encierra con la empleada de Gutiérrez, hicieron firmar el testamento a su nombre». Según Vidal, hay un grupo de vecinos que se juntó con complicidad policial y de profesionales universitarios, «se juntaron para robarle todo y vender el campo. Nunca se imaginaron que iban a aparecer familiares reclamando la parte que les corresponde y que al ocupar iba a encontrar toda la documentación de los animales que había», dijo.

 

Horror en 40 días

«En esos 40 días pasaron cosas horribles», señaló Vidal. «Había unas 20 vacas, estaban todas remarcadas; los animales eran 348 vacunos y sólo quedaban 20, se robaron una majada de 300 ovejas, quedaron 5, gallinas y pavos eran como 200 de cada especie, tampoco quedaba nada. Se robaron las pantallas solares, todo se llevaron en dos camiones al otro día de su muerte», contó.

Además dijo que «había un galpón lleno de lana con 4 años de antigüedad que calculo valía más de 20 mil dólares, que la compró un señor de Santa Catalina que compra cueros y lanas. El juez Ulises García me mostró un recibo de que había comprado esa lana por 6.500 dólares a los dos días que murió Gutiérrez», contó. «De noche nos vigilaba la Policía desde la ruta, dos y tres horas. Le preguntaba al juez y me decía que él no los mandó». «Había vacas para parir y el Bepra las anotó como vacas de invernada aunque yo le mostraba que una estaba para parir», dijo. Una noche de lluvia, cuenta, «estaba en un galpón cuando siento parar un auto en la ruta. Se baja una persona que empieza a tirar piedras arriba del techo. Salí y le pregunté qué quería. Me dijo si había sido yo el que hizo la denuncia; le dije que sí y entonces me dijo que quería que me fuera y que a cambio me daban 10 mil dólares. ‘Te callás la boca y te vas’. Le dije que quería saber cómo había muerto Gutiérrez y que cuando terminara capaz que me quedaba con menos de eso o sin nada, pero quiero que se sepa qué pasó acá. Discutimos y me dio un golpe. El hombre era un conocido locutor de radio, viene a ser yerno de la que hizo hacer el testamento».

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