Una jueza de Chuy ordenó capturar a dos brasileños
La orden de la Jueza Castelli fue librada el viernes, a última hora de la noche, luego de una serie de indagatorias.
«Son malandros conocidos», era la afirmación que recorría Chuy, mientras algunos iban más lejos identificándolos con varios alias de figuras harto conocida en determinados ambientes vinculados con el delito.
El viernes de tarde, la Policía manejaba la información de que al menos uno se habría ido de Chui, y era probable su presencia en un conocido barrio de Santa Vitoria do Palmar (a 30 kilómetros de la frontera), donde habitualmente se «encanutan» delincuentes.
También trasciende en la frontera que los malvivientes no tienen demasiado margen permaneciendo en la zona, pues deben huir de la Policía uruguaya y brasileña, además de eventuales represalias de amigos de la familia de las víctimas.
Ese comentario estuvo desde un principio, al punto de que una fuente policial comentó a LA REPÚBLICA: «Nosotros les damos más garantías respecto a preservar su integridad que las que pueden tener si se quedan escondidos por ahí».
Quizá fue este elemento lo que llevó a que el trascendido de que habían matado a un familiar directo de uno de los victimarios se propagara con inusitada rapidez.
Jerarcas policiales señalaban que esa afirmación, recogida por varios medios, «no tiene ni pie ni cabeza», aunque sí fue originada en la misma frontera.
La Brigada Militar recibió no menos de ocho llamadas indicando que en un monte del área suburbana de Chui había una persona herida de arma de fuego, y que podría estar relacionada con el crimen de los vendedores ambulantes.
La zona, que fue identificada como el lugar donde habría ocurrido el hecho, fue revisada en forma minuciosa en un operativo conjunto entre policías uruguayos y brasileños sin obtener ningún resultado concreto.
Se presume que la falsa noticia estaba enmarcada en una estrategia de despiste elaborada por los mismos delincuentes buscados.
Muerte en la frontera
En ese escenario, dos hombres en motocicleta se acercaron al puesto callejero de venta de cigarrillos, a cuyo cargo estaba Luciano Rubilai Lima Papaian, brasileño, de 42 años, y su hijo Christian Camaño Papaian, uruguayo, de 17. Quien viajaba en la motocicleta como acompañante, se acercó al puesto, disparó un arma de fuego contra Lima Papain, e intentó quitarle la riñonera con dinero. El hijo salió en defensa de su progenitor y recibió dos disparos. La moto cruzó la avenida internacional, hacia territorio brasileño.
Sobre la medianoche, fueron detenidos por policía de Brasil en una gasolinera de Chui, a unas seis cuadras de la avenida divisoria. Por requisitoria de la policía uruguaya, la Justicia brasileña solicitó la comparecencia de testigos, lo que no fue posible por el temor colectivo. El abogado logró que los sospechosos quedaran en libertad.
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