"Las cárceles son demasiado lujo"
Antes de llegar a la prisión de máxima seguridad, Cardozo se desempeñó durante cuatro años en la misma tarea al frente del establecimiento carcelario de Treinta y Tres; pero la experiencia en aquella «cárcel pueblerina» según su propia evaluación–, dista bastante de la que comienza ahora a vivir. «Lamentablemente los peores están acá», reconoce sin dudas.
En el transcurso de la entrevista el funcionario se refirió a los temas más espinosos de la interna carcelaria y posteriormente accedió a recorrer y mostrar a LA REPUBLICA algunos de los sectores del establecimiento.
–¿Qué particularidades tiene el penal, en lo que se refiere a población carcelaria, que no tienen las demás cárceles del país y que lo convierte en «máxima seguridad»?
–La gente que acá es gente seleccionada por su peligrosidad. Son los más peligrosos, hay gente que tiene tres homicidios. Un delincuente primario de la zona sur del país ingresa al Comcar a un módulo de observación por un tiempo, y de ahí, de acuerdo a sus características, se deriva o no. Al Penal de Libertad vienen los que no pueden estar en otras cárceles.
–¿Cómo inciden en el individuo preso las características del establecimiento en el que está?
–El ambiente los hace, esa es la lectura que hago en base a mi experiencia. Cárceles chicas con una atención, si se quiere más personalizada, ayuda a su recuperación. Es una observación que hice de mi propia experiencia como director de la cárcel de Treinta y Tres y a la que también se refirió el ministro del Interior en una reciente entrevista.
–Entonces esta cárcel, que no es precisamente chica y que contiene a los reclusos de mayor peligrosidad y posiblemente los más difíciles de «recuperar» es, a la vez, bastante deficiente en este sentido…
–Lo que pasa es que la clase de reclusos que hay en Treinta y Tres tiene otras esperanzas y posibilidades. Acá, si bien esas esperanzas están, los reclusos son tan «pesados», como dicen ellos, que no hay más remedio que tenerlos así, en un régimen de máxima seguridad.
–¿Qué tipo de trabajos pueden desempeñar los reclusos y cómo acceden a ellos?
–Algunos piden que se les dé una comisión de trabajo, que son limitadas, en primer lugar porque son pagas. Ellos manifiestan su interés y nosotros los elegimos de acuerdo a su conducta, a la confiabilidad que nos merecen. En la actualidad un 25 por ciento tiene actividades laborales remuneradas. Algunos fabrican bloques, otros calzados o muebles. También están los que atienden los criaderos de conejos, de pollos, y los que se encargan del invernáculo y la quinta.
–¿Existen talleres educativos como existen en el Comcar? ¿Pueden estudiar los presos?
–Sí. Hay reclusos que estudian primaria con maestros que les dan clase y después se presentan a una mesa de inspectores para dar exámenes y de aprobar salen con el certificado de Primaria aprobada. Hay reclusos que estudian materias de UTU y también les forman mesa y se los orienta. Lo mismo en Secundaria. O sea que el que quiere, lo hace, el que no hace nada es porque no quiere.
–¿Tiene particular importancia que el penal esté ubicado en el campo? ¿Incide en el comportamiento de estos individuos poder, de alguna manera, vivir respirando aire libre?
–Yo creo que es ideal que esté acá la cárcel por eso mismo, por el aire libre, porque permite desarrollar actividades físicas. Hay dos canchas de fútbol y una de basquetbol; tienen barras paralelas y pesas. Ahora por orden del director nacional estamos construyendo un patio nuevo, para que puedan bajar más reclusos a hacer deportes y vida al aire libre. Con este patio que tenemos puede bajar por turno un promedio de 150. Otro pequeño patio que se hizo del otro lado del celdario es para un sector de la población que son los que están «en seguridad». Son los que se sienten, de una forma u otra, amenazados por otros reclusos y piden estar aparte. Esos por lo general son violadores de niños o traidores a otros reclusos, es decir que los denunciaron o comprometieron en un juzgado. Son los que en la jerga carcelaria son llamados «buchones». Esa gente no se siente segura y pide estar aparte de los otros. En este momento hay 45 en esa situación.
–¿Cómo son las relaciones de convivencia de los reclusos, entre ellos, y con la guardia policial?
–Bueno, con los funcionarios son gente normal; es decir, dentro de la normalidad de estar privado de libertad no hay graves problemas. Lo triste es que las diferencias que hay entre ellos a veces las arreglan lastimándose.
–¿Con qué asiduidad ocurren hechos violentos, agresiones?
–En los últimos tiempos, no sé si por el calor del verano, por las fiestas, o porque vino gente nueva, se ponen más nerviosos. Generalmente hay dos o tres lastimados graves por semana. Se lastiman con «cortes» que ellos fabrican. No sabemos cómo se dan idea pero siempre encuentran algún fierro y le sacan punta y hacen armas para agredirse entre ellos. Los que más problemas causan son los jóvenes, los rapiñeros que están en la franja de entre 18 a 25 años. Los otros delincuentes integrantes de bandas que asaltan bancos, remesas, etcétera, son gente más inteligente, más centrada, más ubicada, que está resignada a pagar su deuda, o espera una oportunidad para fugarse. No complican tanto.
–¿Se forman bandas?
–Sí. Se forman grupitos de poder. Pero yo pienso que si nosotros cuando éramos muchachos y jugábamos un picadito en un campito y éramos 15 o 20 gurises del mismo barrio, siempre nos peleábamos por «h» o por «b», donde hay 400 juntos y que casualmente ninguno es santo… es lógico que existan pullas. Para mí es normal, forma parte de la naturaleza humana que se peleen entre ellos. Creo que son pocas peleas para las que podría haber.
–¿Hay tráfico de drogas en el establecimiento?
–Hay traficantes. Hay alguno que se da idea para ingresar droga, fundamentalmente marihuana, y cuando son detectados se le decomisa, se le da intervención a la Brigada Nacional Antidrogas y se les somete a la Justicia. Cómo se las arreglan para ingresarla, no sé. Hay muchas teorías, pero por lo menos en el tiempo que llevo yo acá no hemos detectado cómo ingresa. Sucede que el que tiene droga, por ejemplo un ladrillo de marihuana, tiene poder dentro de la cárcel porque puede pagar favores con porros o venderlos. Además puede comprar favores de otros presos.
–¿Cómo se da la coordinación entre los militares y la Policía para las tareas de custodia?
–Trabajamos separados, cada uno en su función, pero coordinados. La misión de ellos es darnos apoyo cubriendo el perímetro externo. Tienen una zona, que se llama zona militar, donde mandan ellos. Acá dentro es problema nuestro, somos en cualquier momento 40 policías desarmados contra 400. Si nos rebasan, si nos pasan por arriba, ahí empieza la misión de los militares.
–¿Existe hoy por hoy el clima para que se cree un motín como el que hubo el año pasado?
–Siempre está latente esa posibilidad, pero yo no creo que pase, no hay motivos. Por lo general se forman estas medidas de fuerza para exigir del Poder Judicial o del político alguna reivindicación, o que se ablanden un poco las leyes.
–A principio de año hubo manifestaciones de los presos en reclamo de mejores condiciones de alojamiento. ¿Piensa que la intervención de los diputados de la Comisión de Derechos Humanos y el anuncio de reiniciar las visitas por parte de la Suprema Corte de Justicia evitaron un alzamiento?
–Yo pienso que sí. Como lo dice LA REPUBLICA en su pá
gina 7 del día 5 de diciembre: «La próxima visita de cárceles desactivó motines». Es una opinión, yo pienso que sí, que colaboró a que no hubiera. Ahora en la próxima visita de cárceles, el 8 de febrero, en este penal van a desfilar unos 180 presos que están procesados y que ingresaron antes del 30 de junio. Es decir, los que están penados o fueron procesados después de esa fecha, esos no van a «desfilar» frente a los integrantes de la Suprema Corte.
Un día en Libertad
—¿Cómo es el régimen cotidiano del presidiario, un día cualquiera?
A las 7:50 se les reparte medio litro de leche a cada uno y pan recién horneado de la panadería. A las ocho y poco ya están bajando al patio a los que le toca y quieran bajar y los otros se quedan en la celda. Después a las 11.00 regresan a los celdarios y a las 13.00 ya baja a patio de nuevo otro grupo. Así el que no trabaja puede hacer deportes, pesas, barras paralelas… a veces los envidio porque a mí no me queda tiempo para eso…
Aproximadamente a las 19.00 horas se les sirve la cena. La comida se prepara en la cocina del celdario: la preparan los mismos reclusos bajo la dirección y control de policías cocineros. Después se suben las ollas a los pisos y se reparten con un jarrito. Hay un recluso que trabaja y cobra por eso y por hacer mandados de una celda a otra. Ese va repartiendo la comida celda por celda. Después leen, el que tiene televisión mira televisión y el que tiene radio la escucha.
–Cuando un recluso transgrede las normas de comportamiento, ¿qué tipo de sanciones se le aplican? ¿Hay, como se comenta habitualmente y se ve en las películas, castigos físicos, duchazos de agua fría, suspensión de comidas?
(risas) –No, no, no… Estamos en Uruguay, por favor. La sanción, cuando cometen una falta grave, es privarlo de libertad, pero como están todos privados de libertad, lo que se hace es sacarlo de la celda donde están viviendo y llevarlos para otra celda en otro sector. Donde están los castigados. Así que la sanción prácticamente consiste, mientras dura, en no bajar al patio y privarlos de recibir visitas.
–¿Cómo evalúa usted el sistema carcelario del Uruguay en términos generales, recogiendo su vasta experiencia pasada al frente de la cárcel de Treinta y Tres y también esta actual en Libertad?
–Es una pregunta muy difícil. Lo que voy a decir no es una postura oficial, es mi opinión personal: yo pienso que es demasiado lujo para el país que tenemos.
Están demasiado bien atendidos y demasiado bien custodiados para las posibilidades económicas del país. A mí me preocupan más los maestros y los funcionarios de salud pública y los sueldos de los policías que el sistema sofisticado de cárceles. Se gasta mucho en esto. Es una opinión bien personal y no voy a decir que sea la opinión de la Dirección Nacional de Cárceles ni del ministro.
Se está gastando dinero continuamente para reparar cárceles destrozadas. Tener gente presa es un mal necesario, pero yo creo que es mucho lujo; hay otros países que tienen cárceles peores.
En Treinta y Tres conocí reclusos que estuvieron en cárceles brasileñas y me contaban que allá no se les cocina, ni se les da pan recién horneado, ni galleta con grasa recién hecha del día. No se les sirve comida caliente. Allá se les tira la verdura y unos paquetes de fideos y ellos se juntan en grupos, capturan una zanahoria, una papa y un hueso cada uno y se hacen un caldo o ensopado de acuerdo a la potencia física del grupo. Por eso creo que en Uruguay, como lo estamos llevando, es mucho lujo para nuestra economía
–Pero un sistema como el que describe ¿no atenta contra todo lo que se pregona sobre la recuperación y rehabilitación?
–Sí, probablemente sí. Pero yo digo que hay otras prioridades, como la salud pública, la enseñanza. Demasiado bien atendidos están los reclusos acá. Las cárceles del Interior parecen pensiones de campaña y esta se hizo porque la gente que está acá no puede estar en otro lado. Es así de fácil, si esta gente estuviera en libertad le estaría haciendo un daño a la sociedad y todo el mundo se escondería debajo de la cama.
Compartí tu opinión con toda la comunidad