Cuatro policías canarios heridos
Se veía venir. Desde hace algún tiempo vecinos y comerciantes de la ciudad de Canelones, están dando voces de alerta acerca de una situación a la que, hasta el momento, no se le ha encontrado solución: los desmanes de toda clase que cometen los concurrentes a un conocido local bailable situado frente a la Plaza 18 de Julio, la principal de la capital departamental. Muchos de los protagonistas ni siquiera viven en la ciudad de Canelones, por lo que las situaciones de violencia se vienen registrando, incluso, a bordo de los ómnibus de línea que los transportan de regreso a sus casas, en Progreso, Juanicó o Santa Lucía. Este pasado fin de semana, no fue la excepción. Al término del baile, ya en horas de la madrugada del domingo, varios jóvenes se trenzaron en una batahola descomunal, en plena plaza, alcanzando el incidente importantes proporciones, lo que motivó la respuesta policial. En un principio los efectivos lograron calmar los ánimos, dispersándose buena parte de los protagonistas de la trifulca; no era el fin. Los violentos volvieron a la carga y esta vez la emprendieron contra los propios uniformados.
El saldo
De resultas del incidente, al menos cuatro efectivos policiales quedaron heridos, uno de ellos debió ser hospitalizado, más de un joven también resultó con heridas leves, el parabrisas de un móvil policial fue dañado y hurtaron un equipo de comunicaciones. En las últimas horas de la tarde de ayer, cuatro presuntos revoltosos, prestaban declaración en el Juzgado de la ciudad de Canelones. Algunos testigos relataron a LA REPUBLICA, que el accionar policial no fue el correcto, a la vez que vecinos de la zona no dejaban de reiterar con amargura, que esto, tarde o temprano iba a ocurrir. El Centro de la ciudad, se convierte en «tierra de nadie» los fines de semana; picadas sin control, de motos y automóviles; vehículos de toda clase que circulan sin matrícula o con chapas de Montevideo, del siglo pasado; consumo de drogas y alcohol en los mismos bancos de la plaza, actos de vandalismo sin límites, son un largo y penoso catálogo, al que nadie parece animarse a ponerle fin.
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